HISTÓRICO
UNA FERIA CON AIRE NOSTÁLGICO DE FADO
  • UNA FERIA CON AIRE NOSTÁLGICO DE FADO |
    UNA FERIA CON AIRE NOSTÁLGICO DE FADO |
Por JUAN JOSÉ GARCÍA POSADA | Publicado el 21 de abril de 2013

La actual Feria Internacional del Libro de Bogotá es el espejo de múltiples realidades. Refleja la lucha de las editoriales por hacer que sobreviva el símbolo máximo de la cultura humana, el poder deslumbrante de la llamada industria del espectáculo que moviliza multitudes curiosas y expectantes y el conformismo empedernido de incontables colombianos que soportan chaparrones bogotanos e incomodidades con tal de asomarse al universo de la literatura.

Defiendo las ferias del libro, porque el noble negocio editorial no puede marginarse de las reglas del mercadeo y las ventas. Quien sostenga que un buen libro se vende solo, está apuntándole al fracaso, trátese de la obra y el autor que se tratare. Pero también estoy convencido de que a los escritores los conocemos por sus escritos y exhibirlos ahí, para que hablen por noventa minutos en un auditorio, es un evento social superfluo.

Aquí en esta y en todas las ferias, los notables que han estado llegan y se van como aves de paso. Quedan, eso sí, sus libros, donde está la proyección de sus vidas. Los conozco, los he tratado a casi todos los que han hablado en estos días en Bogotá, pero porque los he leído. Lo demás, tenerlos cerca unos momentos fugaces, puede ser grato y entretenido, mas no tanto como saber que nos acompañan siempre en la biblioteca.

Es probable que se conozca un poco más de Portugal, país invitado, por el elegante pabellón que instaló. Pero nunca más de lo que nos revelen Saramago, Pessoa, Lobo Antunes, o el clásico Eca de Queiros, narrador y crítico del alma lusitana y sus costumbres, gran subestimado en un pequeño estante en medio de las celebridades modernas.

Comprendo cuán difícil es cuadrar la temporada apropiada para esta Feria de Bogotá, de modo que no coincida con otras de su categoría. Sin embargo, está probado, por el Ideam y por el cielo grisáceo y la tradición de las lluvias mil de abril, que estos son días y tardes de aguaceros que empapan a miles de lectores pacientísimos en la enormidad de Corferias, donde faltan aleros y cobertizos entre los edificios y coger taxi a la salida es una hazaña. La inadecuación del escenario es patente, además del displicente apoyo logístico a expositores y responsables de numerosos eventos paralelos.

Uno habla de la feria de acuerdo con su propia experiencia. Tengo la sensación de que si se pretende fomentar la circulación de los libros y la lectura, a la gente lectora común hay que tratarla con mejor consideración. Pese a la riqueza y diversidad de la oferta bibliográfica, sentí cierta nostalgia, como si el libro estuviera entrando en una etapa de decadencia. La Feria está impregnada del aire saudoso del fado.