HISTÓRICO
UNA NOCHE DE VERANO
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    UNA NOCHE DE VERANO |
Por HUMBERTO MONTERO | Publicado el 24 de junio de 2013

Madrid, 1:30 a.m. del pasado jueves. La cervecería La Revoltosa, en la Plaza del Rey de Chueca, el barrio gay de la capital española, está a reventar.

Grupos de hombres y mujeres de entre 25 y 50 años llenan las mesas de las terrazas. La primera noche cálida del verano anima las tertulias y las risas salpican de alegría las conversaciones entre tragos y tapas de jamón, boquerones en vinagre, mejillones, croquetas y pulpo a la gallega.

Desde un coche se escucha a toda mecha el ritmo dance del "I need your love" de Calvin Harris. Somos un país de bares, de rumba y de calle. En casi seis años, ni siquiera la crisis económica, que ha arrasado empresas y decapitado cuatro millones de empleos, ha podido tumbar eso.

Las calles del centro bullen en plena madrugada y en los garitos los gin&tonic bajan caudalosos.

Allí, la gente baila arracimada y corea el "Unbreakable" de Marien Baker. "These unbreakable hearts are one, my love. Nothing can ever tear us apart. We will be champions. C’mon let’s beat this town. We are the rising sun".

El mejor indicador económico del mundo está concentrado bajo los neones de esta noche de jueves. Con precisión quirúrgica, recopilo indicios para el optimismo. Señales reales, ajenas a la propaganda oficial de los gobiernos, bancos centrales y mercaderes de sus propios intereses. Estelas al margen también de las sanguijuelas que apuestan a la baja y se llenan los bolsillos mientras todo se hunde.

Los coches vuelven a atascar las calles bajo las estrellas. Son ya las 2:30 de la madrugada y nadie quiere dormir.

Trato de resetear mi mente para captar en su pureza cuanto ocurre. Borro que "las exportaciones crecieron un 18,6 % en abril", también que las previsiones de 2013 indican que será el mejor de la historia para la industria turística española.

No quiero que nada me nuble, ni siquiera los 100.000 empleos creados en mayo. Todo indica que en el último trimestre España y Europa entera volverán a crecer, pero los vaticinios ya erraron en el pasado.

Ansío comprobarlo a mi manera. Todo el mundo habla de la imputación de Messi y de su viejo por evadir impuestos, de dónde irán de vacaciones, del último local de moda, de las nuevas chicas de la barra y del primer y último beso que dieron. Los corazones laten a mil, al son atronador de los altavoces, convertidos en metrónomos bajo la superluna.

Nadie comenta aterrado el fin de la política de estímulos fiscales en EE.UU. anunciada por el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, ni de sus implicaciones en los países emergentes como Brasil, de donde se retiran los inversores internacionales ante el riesgo de implosión de su economía en plena depreciación del real frente al dólar (un 14 % en lo que va de año).

Tampoco las crecientes dificultades que encuentra China para colocar en los mercados su deuda pública, la saturación de su mercado inmobiliario, su sobreproducción industrial y los vaivenes de sus bolsas. Ni siquiera la relación entre las revueltas en Río o Sao Paulo con la dependencia de las exportaciones brasileñas hacia el gigante asiático.

Son las tres de la madrugada y los bares, el mejor termómetro de la economía, vuelven a llenarse de charlas intrascendentes cuyo sentido es más profundo que cualquier sondeo estadístico. La palabra "crisis", gastada de tanto usarla, está proscrita esta noche camino del camión de la basura. Por fin hay luz al final del túnel, rumbo a casa, con las calles atestadas de parejas que buscan otros lugares donde seguir la fiesta. Ojalá sea algo más que un ensueño de verano.