HISTÓRICO
Una prensa “vigilada”
  • Una prensa "vigilada" | ILUSTRACIÓN MORPHART
    Una prensa "vigilada" | ILUSTRACIÓN MORPHART
EL COLOMBIANO | Publicado el 02 de julio de 2013

Un consejo de redacción tiene sus equivalentes en otras instituciones y compañías: los comités, las juntas. Se trata de un espacio diario para la deliberación del Director o Jefe de un medio informativo con sus editores. Su contenido es privado y, si se quiere, confidencial, porque los periodistas convocados discuten libremente sobre la realidad y los hechos y toman decisiones cruciales para el producto y la empresa que representan. Ello bajo el medidor mayúsculo que significa la responsabilidad social que reviste un oficio como el periodismo.

Esa reunión, ese ritual de todos los días está abierto a discusiones muy intensas y extensas sobre las coyunturas informativas. Producto de la crítica y del cruce de puntos de vista, pueden aflorar ocasionalmente algunos términos no muy decorosos, pero intrascendentes a la luz de un diálogo privado y que mueren al finalizar aquella reunión matinal. Por eso, hay una gran diferencia en los términos altisonantes que puedan emplearse en este diálogo vertiginoso y cerrado, y en el lenguaje limpio, preciso e imparcial que finalmente debe caracterizar una información pública.

Hablamos pues de que quienes infiltraron y grabaron el contenido de un consejo de redacción de Teleantioquia Noticias violaron el secreto profesional de este equipo periodístico y, además, pudieron haber vulnerado la confidencialidad propia de un proceso de producción intelectual-empresarial con obvias protecciones legales.

A este procedimiento que a todas luces infringe derechos protegidos constitucionalmente, le sobreviene su difusión indebida para golpear la credibilidad profesional y la estabilidad laboral del periodista y director del citado informativo, Juan Pablo Barrientos, hecho que degeneró en su renuncia y en la automática terminación de los procesos periodísticos que venía liderando en el canal regional.

Se puede interpretar aquí también una consecuente situación de censura y de constreñimiento al derecho a la información del comunicador, del medio y de su teleaudiencia, privada ya de los contenidos y de los enfoques con que venían trabajando Barrientos y su equipo de redacción.

La manera como se filtró la información, las fuentes a las que fue a parar el contenido de aquel consejo de redacción y las posteriores reacciones de las directivas del Canal Teleantioquia, de la Gobernación e incluso de uno de los diputados de la Asamblea Departamental suscitan otros interrogantes, ya mencionados en editoriales y columnas de opinión de varios medios, sobre el intento de perjudicar una labor periodística al parecer incómoda para supuestos intereses y personajes de la vida política regional.

Creemos necesario, como ya se ha anunciado, que obren las respectivas investigaciones judiciales para que se establezcan los autores materiales e intelectuales de este procedimiento que afectó el bien invaluable del derecho a la información y que erosionó las calidades profesionales de un medio y de un colega.

Este tipo de episodios, en su escala y en sus protagonistas, alimenta y encaja con la paranoia en que parece moverse el mundo actual, plagado de interceptaciones y de espionajes desmedidos e impunes contra ciertos ámbitos de privacidad y confidencialidad que no significan una amenaza (terrorista) contra la seguridad regional, nacional e internacional, sino que preocupan y molestan a figuras e intereses públicos y privados, non sanctos, que encuentran en estos actos un arma para silenciar a la prensa.