HISTÓRICO
Una tregua al escepticismo
  • Una tregua al escepticismo | SHUTTERSTOCK
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EL COLOMBIANO | Publicado el 27 de mayo de 2013

Hay que recibir con moderado optimismo el anuncio del logro del acuerdo sobre el primer punto de la agenda de negociación entre el Gobierno y las Farc. Cómo decir no a este resultado incipiente, pero cierto. Cómo resistirnos al hecho de que el proceso haya alcanzado avances en un tema tan significativo, el de la propiedad, uso y explotación de la tierra en el país.

Si se quiere, la posibilidad de conseguir la terminación del conflicto armado ha salido de su condición de utopía. Ahora, aunque aún con un camino largo por recorrer, ya ha dejado de ser un proyecto irrealizable, en ceros. Las partes lograron ponerse de acuerdo y deshacer uno de los nudos gordianos del conflicto armado interno: el de las propuestas y condiciones para adelantar una "reforma rural integral".

Entendemos la presentación parcial del acuerdo a la opinión pública nacional e internacional. La exposición solo de sus líneas gruesas, sin entrar en detalles. Este acuerdo de tierras no es autónomo, no es una pieza independiente. Depende de la negociación de los cuatro puntos restantes. En esa medida, habrá que esperar que se apruebe la totalidad de la agenda, para que los colombianos conozcamos el plan definitivo de terminación del conflicto armado, entre Gobierno y Farc, para que se refrende, o no, mediante un mecanismo de consulta popular (por definir).

En esta parte de nuestra reflexión, nos anima el mandato constitucional del Artículo 22: "La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento". Son más de 60 años, con sus generaciones respectivas, sin vivir un día en un país que no sufra por las acciones de violencia derivadas de la lucha política y militar entre el Estado y fuerzas contraestatales y paraestatales. Anhelamos la consolidación definitiva y vigorosa del Estado Social de Derecho que concibió la Constitución de 1991 y por eso acompañamos vigilantes lo alcanzado hasta ahora en Cuba.

Pero también recogemos las preocupaciones ciudadanas en torno a la duración de las negociaciones. Es perceptible que la guerrilla busca extender el tiempo de las conversaciones y, en tal sentido, no dejamos de exigir al presidente Juan Manuel Santos la firmeza para que el proceso no pase de 2013.

Sabemos igualmente de la necesidad de atender reivindicaciones campesinas históricas, aplazadas a lo largo de los años por los gobiernos de turno, pero enfatizamos en el cumplimiento de compromisos adquiridos en la antesala del proceso: el modelo económico y político del país -y con él la propiedad privada y la libertad de empresa- no está en discusión ni negociación.

Tampoco puede esta reforma rural integral que acaba de pactarse, y retomamos al ministro de Agricultura saliente, Juan Camilo Restrepo, provocar la aparición de "republiquetas independientes" que fracturen la unidad nacional.

Nos preparamos para que las partes inicien el décimo ciclo de conversaciones y con ello el segundo punto de la agenda, el de Participación Política. Con algunas pinceladas preparatorias para el tercero, el de las Víctimas. Se trata de dos temas estrechamente ligados: ¿qué cargas y modalidades penales antecederán la llegada de las Farc a la vida política? Vaya terreno abonado de interrogantes.

Tranquiliza que las partes entendieran la necesidad de resultados que afrontaba el proceso. Ojalá ahora comprendan la importancia de ceñirse a los tiempos y de suministrar información oportuna para acreditar el proceso y, claro, para llevarlo a buen término.