HISTÓRICO
Velandia le dice adiós a la tigra
  • Velandia le dice adiós a la tigra | Una de las últimas presentaciones de Velandia y la tigra ocurrió en Altavoz 2011. FOTO COLPRENSA
    Velandia le dice adiós a la tigra | Una de las últimas presentaciones de Velandia y la tigra ocurrió en Altavoz 2011. FOTO COLPRENSA
Por JUAN DAVID MONTOYA | Publicado el 13 de marzo de 2012

Después de cinco años, cuatro álbumes, dos Rock al Parque, un Altavoz, una gira internacional mochilera que llegó hasta la Patagonia, incontables conciertos y algunos episodios que no pocos dudarían en llamar escándalos, el "burro enrazado con tigre" no va más.

"Sentí que tenía que darle la vuelta a la arepa. Y ya", revela muy a su manera Edson Velandia , líder de la banda revolucionaria y extravagante que nació y murió en Piedecuesta, Santander.

Lo dice el hijo de Germán Velandiay Cecilia Corredor desde ese pueblito que se sacude a mil metros sobre el nivel del mar rodeado por las montañas peladas de la cordillera oriental.

"Se me acabó la cuerda", cuenta. Esa es la mala noticia para los miles de seguidores de la agrupación que nunca los críticos pudieron clasificar. La buena, tal vez la más importante, es que Velandia continuará haciendo música.

Los funerales de la fiera

A mediados de la década pasada, Edson Velandia se dio a conocer por Cabuya, una agrupación que "fusionaba" músicas colombianas, y un homenaje a ese sonido tradicional de la región Caribe: el porro.

Como Velandia y la tigra, Cabuya alcanzó la cúspide y entonces a Edson las cosas le empezaron a parecer menos divertidas, menos desafiantes.

En junio de 2010, el guitarrista y vocalista dijo en una entrevista que de todas las alineaciones de Velandia y la tigra, con la que mejor se sentía era aquella, conformada por él, Daniel Bayona en el bajo y Henry Rincón en la batería.

De quinteto a cuarteto, de cuarteto a trío, en poco menos de cinco años la banda cambió sus integrantes varias veces, pero el proyecto se mantuvo girando alrededor de la figura enigmática de Edson, su música imposible de encasillar y sus letras enrevesadas.

En la desintegración influyó también la llegada al mundo de Luciano Awa , su hijo. "No tengo el impulso bohemio ya. Todo lo contrario: tengo el impulso casero", comenta. Además, dice que sus compañeros de ruta "andan en otras cosas".

A final del año pasado todo parecía indicar que el punto de quiebre había llegado. Para Edson, la culminación del ciclo significa deshacerse del apellido tigra -ese animal del monte que personificado en músicos santandereanos lo acompañaron durante el último lustro- pero a la vez continuar con un proyecto que siempre fue unipersonal. Como sea, parece ser que hay rasqa para rato.

Ópera piedecuestana

O quizá no, porque si algo ha demostrado Edson Velandia es una capacidad admirable para reinventarse. Un día graba en un estudio portátil, otro le echa fuego a ese álter ego de orejas puntudas con el que la banda marcó toda su iconografía, o dirige machete en mano la Big band de Bogotá durante el Festival Jazz al Parque.

"Para mí evolucionar es vivir siempre en riesgo. Volver a poner todo sobre la mesa y si me estrello, me estrello -dice, un instante antes de ponerse socarrón- Pero en el fondo creo que no me voy a estrellar".

Las artes escénicas, la música y el humor han marcado su camino. Para continuar recorriéndolo, Edson quiere unir estos elementos y sacar adelante un proyecto ambicioso, tal vez tan descabellado como alguna vez fue Velandia y la tigra.

Junto a compañeros suyos de toda la vida, anda trabajando en una ópera rasqa, un montaje que por ahora no tiene ni pies ni cabeza pero que seguro tendrá ese componente campesino del género que él mismo se inventó. "Eso va a hacer una cosa bien bizarra. No es una ópera fastuosa, occidental, sino parecido a lo cotidiano nuestro. Más simple y rápido".

Mera rasqa

Para que nadie dijera que lo suyo era música andina, carranga, rock, "nueva música colombiana" o cualquier otra de las etiquetas "elitistas" y académicas que tanto le incomodan, se ideó un sonido único que se confunde con su mirada de ver las cosas.

La rasqa, dice, "tiene que ver con lo campesino del mundo entero, especialmente de Colombia". Como materia prima para estas canciones que hablan de mafias aguacateras, farras garroteras y el Negro Navas, están el aire rural que se respira a orillas del Río Oro y las historias de Germán Velandia, un pintor de carros, cuentachistes campeón de Sábados felices que además es su padre.

Edson cuenta que su intención no es "rescatar" sonidos perdidos en el trópico andino ni emprender exploraciones sonoras con ínfulas antropológicas. Admirador de la música popular, le gustaría tener el humor de los Cantores de chipuco o ser Darío Gómez, tener esa sensibilidad para captar las melodías que le gustan al pueblo, darle al blanco con los ojos cerrados, como hacen los músicos campesinos.

Vestido con un pantalón verde y una camiseta beis en la que se puede leer un letrero borroso que dice "Velandia y la tigra", Edson asegura que se mantendrá firme en lo que ha venido haciendo durante los últimos años. "Yo me voy a ganar la vida siguiendo mi instinto, que es lo que he hecho siempre", asegura.

"Rasqita, soberana de mi trocha, no me vaya a dejar solo, rasqa", pide el guitarrista y compositor en una de sus canciones. Sus seguidores deben estar pidiendo lo mismo, que la rasqa no los abandone, que la muerte de la tigra no traiga el silencio de Velandia.