HISTÓRICO
VIDAS DEL GATO
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Por ARTURO GUERRERO | Publicado el 20 de noviembre de 2012

Muere joven y tendrás un cadáver exquisito: así se decía en la era del vértigo, cuando los 25 o los 30 años de edad se consideraban una gloria. Ahora no es así. Hoy has de cultivar un cuerpo formidable, cundido de espíritu íntegro, porque la faena de civilización exige vidas de gato.

Luego de seis o siete décadas de ensayos, por fin consigues mediana idea de lo que es la existencia y de cómo lidiarla. No te puedes morir entonces. En este punto es cuando te necesita la evolución.

Ya conoces lo que no y lo que sí. Por descarte has logrado trabajar en lo segundo que más te gusta, y desechar trampas de riqueza, notoriedad y señorío. Llegó la hora de dedicarte a lo primero. No más aplazamientos ni pactos ni cavilaciones ni mucho menos pereza.

Eso sí, se te demanda haber arribado a esta cima sin estropear funciones, lubricación ni tono de músculos, nervios, vísceras, sentidos. Verás que un organismo humano trabajado sin molicie y sudado día tras día bajo árboles, mantiene agilidad y estética dignas de pensamiento sin sobornos.

De este modo, estás preparado para las siguientes seis o cinco vidas gatunas. En ellas podrás estirar beneficios de una materia que no venden almacenes, la experiencia. Consiste esta en "volver a los 17 después de vivir un siglo". Pero volver sin miedo, pues se está parado con equilibrio sobre un montículo del que carece la insolente juventud. No se alcanza este punto para descansar. Al contrario, es la mejor estación para inventar un mundo con escombros de demoliciones sobrevividas. Conoces sobre alimentación, huyes de las tensiones de sal y azúcares, tu estómago soporta cualquier plato, pues rutina balanceada le ha brindado frutos de fortaleza y energía.

Respiras de maravilla, entiendes que vitalidad es resuello, piensas sin horizontes y duermes en profundidades misteriosas. Te has convertido en artefacto que recicla soles, por fin emprendes la tarea para la que fueron diseñados tus dedos, mirada y trancos.

Cumplida la condición de rebosar de alientos, acumulado pequeño monto para no pensar en el dinero ni por poco ni por mucho, acometerás tu naturaleza plena, desarrollarás el arte que solamente tú puedes agregar al peso del universo. Tus hijos son tus maestros, a sus furias tiernas te entregarás en cada encuentro. La tecnología te da vuelos, eres un eje surtidor de semillas.

Has hecho buen oficio, el tiempo es aliado, fabricarás tu muerte bella.