HISTÓRICO
¿Y mientras tanto qué hacemos?
  • Juan Gómez Martínez | Juan Gómez Martínez
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Juan Gómez Martínez | Publicado el 08 de septiembre de 2010

Esa pregunta se me viene a la memoria cada vez que se publican noticias de conflictos en los barrios marginados de Medellín. Dicen los expertos que la pobreza no genera violencia. Yo opino que no solamente es generadora de violencia sino que es violencia en sí misma. El alcalde Alonso Salazar se queja de la inoperancia de la justicia colombiana. De los jueces aferrados al pie de la letra, que liberan a delincuentes cogidos en flagrancia. Jóvenes con armas largas, sofisticadas, con silenciador, que asesinan a un policía y son sorprendidos en el interior de una residencia, pero no hay orden de allanamiento de la Fiscalía. Lo que quiere decir que la oportunidad, la rapidez de actuación de las autoridades de policía valen menos que la coma en un inciso. Eso hay que modificarlo.

Y va el cuento: en 1998 estábamos inaugurando una obra en un colegio de uno de los barrios del noroccidente de Medellín. Me dijo una de las profesoras que me esperaban unos jóvenes en una de las aulas. Fui a hablar con ellos. Me dijeron: "Alcalde, queremos dejar esto (eran unos miembros de bandas) pero tenemos familia y tenemos hijos para sostener, necesitamos ingresos". Si dejaban "eso" aguantarían hambre junto con sus hijos. Ejercían violencia por la pobreza en la que vivían.

Yo les dije que hablaría con Gerardo Emilio Duque, gerente del Instituto Mi Río (que en mala hora acabaron con él). Que iría a hablar con ellos, llevaba a la oficina los nombres, llenaba los formularios, los elaboraba y volvía para que los firmaran e iniciaran trabajos. "Pero les advierto", les dije yo, "que es trabajo con las manos, sacando basuras de las quebradas y un salario mínimo". "No nos importa, me respondieron, lo que necesitamos es trabajo".

A la salida del colegio me estaban esperando al lado de mi carro. "¿Alcalde y eso cuándo será?", me preguntaron. "No sé, pero mientras se hacen los trámites y viene Gerardo Emilio, calculo unos quince días".

"¿Y mientras tanto qué hacemos?", me respondió uno de ellos. "¿Dejar que los hijos se mueran de hambre?" O se buscan la manera para poder alimentarlos. Esto me marcó y me convenció de que la pobreza es generadora de violencia. Y, ella misma, es violencia. Hay que repeler esas bandas con las fuerzas del orden y hay que modificar el Código Penal para poder judicializar a esos jóvenes, pero a la vez hay que hacer grandes esfuerzos y seguramente grandes sacrificios para evitar el accionar de esas bandas, dándoles oportunidades a esos muchachos.

Hace ya 22 años propuse dar el 10 por ciento de las utilidades por parte de las empresas para generar empleo. Algunos apoyaron esa loca idea, otros, la mayoría, la dejaron en el calificativo de loca.

Ernesto Garcés, senador por esa época, propuso entregar el 20 por ciento del patrimonio personal para el mismo fin. Esta idea tuvo el mismo fin de la anterior.

Si no hacemos un sacrificio, grande o pequeño, la situación difícilmente se modificará sólo con las armas y con la justicia actual o mejorada. La Policía, el Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina ya han hecho suficientes sacrificios, hasta entregar su vida por los colombianos. Nosotros no nos debemos quedar de brazos cruzados, sólo mirando el sacrificio de nuestros compatriotas de las Fuerzas Armadas para que ellos solos nos devuelvan la paz. O, si no colaboramos, ¿mientras tanto qué hacemos?