HISTÓRICO
YA NO ESTAMOS PA QUE NOS JODAN
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    YA NO ESTAMOS PA QUE NOS JODAN |
Por DAVID E. SANTOS GÓMEZ | Publicado el 20 de mayo de 2013

Ahora, cuando nadie se guarda nada y al que guarda lo esculcan, cuando la privacidad pasó a ser un elemento esquivo y tras Twitter, Facebook e Instagram no hay secretos ni acerca de lo comido la noche anterior, el que va a pie por la calle siente con razón que su vida es conocida por todos y, para su angustia, conocida para que los poderosos abusen de ella.

Y es cierto que nos están vigilando y que nosotros lo facilitamos, pero esta historia tiene un revés favorable. Nosotros también los vigilamos a ellos. Si roban, salen los audios; si abusan del poder, colgamos sus videos; si se revuelcan en excentricidades, tomamos fotos. Ya no estamos para que nos jodan.

Dos historias internacionales recientes me dan esperanza. La primera viene de Israel, donde el primer ministro Benjamín Netanyahu se hizo instalar una cama matrimonial en un avión para dormir el trayecto de cinco horas a Londres. Un abuso que les costó a los contribuyentes 127 mil dólares. Twitter reaccionó, Netanyahu pidió disculpas y sus asesores prometieron no más remodelaciones abusivas en los vuelos por venir.

La segunda es quizá más sonora y deja un sabor de dulce venganza frente a los abusos de las élites. Ocurrió en México la noche del 26 de abril cuando la hija del Procurador Federal del Consumidor (Profeco) acudió a un restaurante de moda del D.F. y al no encontrar la mesa pedida armó escándalo, prometió llamar a su padre y predijo el cierre del local. Dos horas después, el restaurante fue clausurado.

Las redes sociales explotaron. Videos y fotos del show saltaron de Facebook a los grandes medios y el escándalo adquirió el mote de "Lady Profeco", en referencia a la malcriadez de la mujer y al cargo de su padre.

El hombre, viejo y reconocido dirigente del PRI, partido del presidente Enrique Peña Nieto, pidió disculpas públicas y reprendió a su hija. Pero no fue suficiente. La semana pasada, el mismo Peña Nieto le pidió la renuncia porque a golpes de fuerza entendió que el pueblo condena con dureza esos aires de superioridad de funcionarios públicos. El detestable ¿usted no sabe quién soy yo?

Colombia misma lo vivió con el ahora exsenador Eduardo Merlano quien, tras un retén rutinario de tránsito se negó a una prueba de alcoholemia. La cadena de consecuencias fue rápida: video en Youtube, grupo en Twitter, réplica en noticieros, juicio, pérdida de investidura e inhabilidad por diez años.

Es cierto que se escucha el lamento por las épocas pasadas. Aquellas en las que la privacidad era un valor innegociable y los secretos se llevaban a la tumba. Sin embargo, esos secretos en el caso de los poderosos socavan nuestra sociedad y disimulan sus vidas sin vergüenza. Es por eso que hoy, ellos tienen más miedo.