HISTÓRICO
Zonas de consolidación o programas de desarrollo y paz
  • Alejo Vargas Velásquez | Alejo Vargas Velásquez
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Alejo Vargas Velásquez | Publicado el 12 de julio de 2011

El éxito o fracaso definitivo de la política de lucha contra los grupos armados ilegales del Estado colombiano se está jugando en las llamadas 'zonas de consolidación', por cuanto depende de la capacidad del Estado de efectivamente ganarse la confianza de las poblaciones de estas áreas del país que han vivido con el conflicto largos períodos -no es en últimas un problema de cuántos guerrilleros se dan de baja o se capturan, sino de lograr credibilidad en el Estado en estas poblaciones- y de la capacidad de hacer presencia permanente, no sólo con la Fuerza Pública, sino con los servicios básicos del Estado como son justicia, educación, salud y desarrollo. Y esto, por supuesto, es lo que se busca con las llamadas zonas de consolidación.

Sin embargo, todo indica que hay una dificultad de tipo estructural y es, si el llamado post-conflicto en estas áreas lo debe orientar el Ministerio de la Defensa o las instancias civiles del Estado, o mejor aún si la estrategia es exclusivamente de contrainsurgencia o más bien del estímulo al desarrollo de las regiones. La Directiva Presidencial 01 de marzo de 2009, en el gobierno Uribe puso en marcha el programa de consolidación de la acción del Estado incluyendo cerca de 86 municipios en 11 departamentos.

Pero, una adecuada estrategia de consolidación de las regiones que han vivido el conflicto interno armado y sus efectos podría inspirarse en otro tipo de modelo: los Programas de Desarrollo y Paz, donde la orientación no esté marcada por la lógica contrainsurgente de ver a las poblaciones de estas regiones como potenciales enemigos del Estado, sino buscando estimular estrategias para el desarrollo de las regiones -de los productores campesinos, de los pescadores, de los habitantes de los municipios, de las mujeres, de los jóvenes- y concibiendo el desarrollo no solamente en su dimensión económica, sino en su sentido amplio involucrando lo social, lo cultural, lo organizativo; así el desarrollo de las regiones, a partir de su diversidad, y de los pobladores, aparecerá como el mejor elemento para consolidar la paz en las mismas. Pero esto implica trabajar con todos los sectores sociales que viven en estas regiones que han sufrido el conflicto interno armado, buscando, con una conducción civil y con una estrategia de involucrar actores relevantes de las regiones -iglesias, ONG, organizaciones sociales-, que efectivamente la acción del Estado en su conjunto sea vista como una nueva fase en la vida de sus regiones y no simplemente como una estrategia transitoria de consolidar una presencia militar.

En la nueva Política Integral de Seguridad y Defensa para la Prosperidad, se parte del reconocimiento de la diversidad de regiones, desde el punto de vista de la consolidación de la presencia de la Fuerza Pública, en el territorio nacional; esto señala el documento: "? aún existen zonas rojas donde las estrategias de control territorial y desarticulación de grupos armados al margen de la ley, implementadas en el marco de la Política de Seguridad Democrática, son necesarias para acabar con la violencia. Asimismo, también se reconoce que en otras zonas (amarillas), o bien recuperadas de la violencia o bien carentes de adecuada presencia estatal, las estrategias deben converger en el propósito estatal de la consolidación de la seguridad, siendo el uso de fuerzas de control, la cooperación internacional y la acción integral del Estado los elementos fundamentales para lograr el éxito. Finalmente, el Ministerio de Defensa Nacional empezará a sentar las bases de la seguridad para la prosperidad -fuerza policial, inteligencia y tecnología- en zonas consolidadas (verdes), caracterizadas por niveles adecuados de institucionalidad, inversión y gobernabilidad".

Si se ensaya una estrategia de desarrollo regional con conducción civil, como la sugerida, es probable que el resultado sea más estable.