México vota hoy después de una violenta campaña

  • Así se desarrollan este domingo las elecciones en México. FOTO EFE
    Así se desarrollan este domingo las elecciones en México. FOTO EFE
Por juliana gil gutiérrez | Publicado el 30 de junio de 2018

Violencia. Ese podría ser, en términos generales, el mayor impacto que dejó la campaña para las elecciones en México, país que hoy votará a su futuro gobierno. No solo elegirán al nuevo presidente, sino a todos los gobiernos locales y al Legislativo. Es una macroelección que viven los mexicanos cada seis años y que significa una renovación completa de los organismos del Estado. Además de grandes, son unos comicios decisivos porque no hay marcha atrás: en una sola vuelta se define al próximo presidente.

Aunque en países como Colombia estamos acostumbrados a una posible segunda vuelta presidencial, México es una de las pocas naciones del hemisferio, junto a Panamá y Venezuela, que no tiene esta figura. Por eso, los candidatos se juegan todas sus fichas y el ganador es la persona que tenga mayoría relativa. No es necesario tener más del 50 % de la votación para ser elegido.

Pareciera que el futuro presidente ya está cantado entre los cuatro opcionados. Un discurso que convenció, la baja popularidad de sus contendientes y la corrupción del gobierno actual, de Enrique Peña Nieto, hicieron que Andrés Manuel López Obrador subiera en las encuestas como nunca. Los analistas de ese país calculan que podría obtener el 49 % de los votos, mientras el opositor más cercano cuenta con solo el 27 % de los apoyos. De confirmarse los pronósticos, México tendría un gobierno de izquierda en medio de una región donde la mayoría de mandatarios son de centro o derecha.

Violencia: la ganadora

Hay quienes comparan el conflicto que ahora vive México con el que padeció Colombia durante la época del narcotráfico, entre finales de la década de los 80 y principios de los 90. En parte, eso es lo que vive el país ahora, carteles criminales y bandas delincuenciales. A esto se le suma una campaña electoral sangrienta. Así como ocurrió en Colombia para las presidenciales de 1990, fueron asesinados tres candidatos –Luis Carlos Galán (1989), Carlos Pizarro (1990) y Bernardo Jaramillo Ossa (1990)– los votantes mexicanos también han despedido a los representantes de sus partidos.

Más de 130 políticos fueron asesinados en los últimos meses, 48 de ellos candidatos o precandidatos, especialmente para cargos locales. Quizá hoy ambas naciones tienen en común la violencia y la lucha contra la corrupción. Sin embargo, investigadores de ese país explicaron a EL COLOMBIANO que la gran diferencia está en que México no tiene una guerrilla.

Pero el gran elemento que nos une es el narcotráfico. En una investigación realizada por el profesor José Luis Cadena Montoya sobre la geopolítica del narco, este afirmó que ambos países “tienen una larga tradición de socios en este criminal negocio”. Por su situación geográfica, este delito ha permeado las realidades sociales y el océano Pacífico ha sido el “escenario de tráfico de drogas desde Colombia hacia México”.

Es a través de esta ruta que los narcotraficantes logran llevar droga a Estados Unidos, el principal consumidor del mundo. Así como la droga colombiana pasa por México, los carteles también atravesaron nuestras fronteras. Las palabras de Cadena se ven reflejadas en la comprobada presencia de carteles mexicanos en Colombia, incluso en Medellín.

Un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señaló que este atraviesa una grave crisis de violencia y de inseguridad hace varios años y “es considerado uno de los más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, exceptuando a aquellos que están en guerra”.

La crisis data de 2006, cuando las situaciones de violencia aumentaron durante el gobierno de Felipe Calderón y se inició la llamada “guerra contra el narcotráfico”. Desde ese año han muerto más de 100.000 personas, se registran 27.000 desapariciones reconocidas por el Estado y se investigan más de 2.000 posibles casos de tortura. Esa política desató una confrontación contra el crimen organizado y una etapa de violencia que, doce años después, no cesa.

Para el profesor de la Universidad de Monterrey, Samuel Hiram Ramírez Mejía, “la violencia política de los últimos años es el reflejo de lo que pasaba en el país. Estamos teniendo un problema con el Estado de Derecho y el cumplimiento de la ley”. La explicación estaría en que los conflictos que antes afectaban a las zonas más alejadas llegaron a la capital. Afrontar esto sería el reto principal.

Una “corrupción endémica”

Con que la violencia y la inseguridad son los principales retos del nuevo gobierno, también coincide el profesor de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, Gerardo Estrada, pero a esto le agrega lo que él llama una “corrupción endémica del sistema que ha afectado a las personas y a la eficiencia de la administración pública”. El docente explica que es un problema político, de administración y de justicia que comenzó en las pequeñas esferas y terminó afectando a todo el gobierno.

Y es que al partido de Peña Nieto lo salpicaron escándalos de corrupción que provocaron un descenso en la popularidad, tanto del presidente como de sus candidatos. Esto se evidencia en la campaña de José Antonio Meade, aspirantedel Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo partido de Peña Nieto, quien no despegó en las encuestas.

El profesor investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Rodrigo Salazar, comenta que “el gobierno de Peña Nieto tiene la percepción de ser inmensamente corrupto. Los casos que llamaron la atención publica estos seis años implican a gobernadores del PRI, miembros del gabinete presidencial, al propio presidente y a su familia” y esta situación habría influido en el ascenso en la popularidad de López Obrador.

Además, agrega que la comunidad ha entendido la imagen del candidato que se perfila con más fuerza a ser el presidente de México, como la de una persona que usaría el poder político en beneficio de la gente. “Se convirtió en un receptor privilegiado del voto castigo. Tiene credibilidad”, concluye. Entonces, el descontento generalizado en el gobierno de Peña Nieto fue el verdugo de su candidato y el impulso de su principal contendiente.

Como Salazar, Hiram Ramírez agrega que “la fractura en la sociedad y las divisiones entre los candidatos que están en segundo y tercer lugar” influyeron en que México se esté preparando para recibir un presidente de izquierda.

El vecino problemático

Si bien la violencia y la corrupción han sido temas claves que estuvieron en la agenda durante la campaña electoral y serán los problemas que deba enfrentar el nuevo gobierno, la relación con Estados Unidos, con quien comparte una frontera de 3.000 kilómetros que está, en su mayoría, delimitada por un muro o una valla, también está en el radar del futuro mandatario.

José Luis Berlanga Santos, profesor de la Universidad de Monterrey, señala que por razones históricas México ha sido un tanto nacionalista, debido a que “tiende a ocuparse mucho de lo interno y no de la cuestión internacional”, pero reconoce que la relación con Donald Trump es fundamental. Para Berlanga, parte de la solución estaría en “implementar una política de apoyo a los derechos humanos y en activar al máximo los consulados en Estados Unidos”.

Otros analistas agregan que ambas naciones han tenido una interdependencia social y económica muy estrecha. Los primeros cien días de gobierno, a la espera de que se elija el nuevo Congreso de EE. UU., son decisivos. Después, sería necesario observar cómo se equilibran las fuerzas de ese país para evaluar las relaciones entre ambos. Quiénes estarán en el Congreso, pero ahora en el mexicano, también son un interrogante que determinará la gobernabilidad del próximo presidente debido a que, si bien los pronósticos prácticamente ha confirmado que López Obrador será el elegido, aún no se sabe cuál será su gobernabilidad.

La percepción sobre el gobierno saliente es negativa. El próximo presidente recibirá un país en medio de una crisis a causa de la corrupción, la violencia y la desigualdad.

Contexto de la Noticia

Paréntesis la importancia de méxico para colombia

Colombia es el sexto país que importa mayor cantidad de productos de México. Ambas naciones tienen un tratado de libre comercio desde 1995 y pertenecen a la Alianza del Pacífico desde julio de 2015. Las exportaciones representaron más de un millón y medio de dólares para Colombia y la relación comercial entre ambos va en ascenso. 400.000 colombianos viajaron a ese país en 2017.

Juliana Gil Gutiérrez

Periodista internacional, amante de los perros y orgullosa egresada de la facultad de Comunicación Social - Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana.

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