De la guerra al fútbol, la otra cara del Mundial

  • Mundial de Francia 1998, cuando el país fue campeón en casa tras ganarle 3 - 0 a Brasil. FOTO: DONALDO ZULUAGA
    Mundial de Francia 1998, cuando el país fue campeón en casa tras ganarle 3 - 0 a Brasil. FOTO: DONALDO ZULUAGA
JULIANA GIL GUTIÉRREZ | Publicado el 09 de julio de 2018
En Definitiva

Detrás del juego hay ideologías y conflictos políticos, económicos y hasta bélicos que permean la relación entre los países que disputan un partido y que hacen del fútbol un factor de cohesión.

Corría 1934. Italia y Checoslovaquia jugaban la final del segundo Mundial de fútbol de la historia. En la tribuna, entre los 45 mil espectadores que albergaba el estadio del Partido Nacional Fascista de Roma, estaba Benito Mussolini con su aire de líder supremo que aguardaba a ver a su país campeón. En la cancha, los jugadores de uniformes blancos saludaron a las graderías como lo hacía Mussolini: cuerpo erguido, piernas juntas, brazo derecho arriba y la palma de la mano extendida.

Italia estaba en la dictadura. El Mussolini en Turín, el Littorale en Bolonia, el Berta en Florencia, el Littorio en Trieste, eran algunos de los ocho estadios que dispuso el país para albergar los partidos, complejos deportivos a los que les cambiaron el nombre para hacer alusión al régimen del político. En la cancha tres goles definieron el partido. Uno para Checoslovaquia, dos para Italia. Campeón del segundo mundial de la historia. Según registros de prensa de EL COLOMBIANO, “este campeonato había servido para la exaltación de un régimen”.

Ese podría ser uno de los primeros momentos en los que se evidenció cómo en la cancha también se muestran otros poderes. El económico, por demostrar la capacidad de albergar una cita mundialista, que requiere grandes inversiones; el político, porque el campeón con sus gestos era portador de un mensaje. Una ideología.

FIFA: como la ONU

El fútbol comenzó en Inglaterra como un deporte de élites, hasta que el Blackburn, un equipo de obreros, ganó el torneo de ese país en 1883. A ese suceso el historiador Alfred Wahl le llamó “la democratización”, el momento en el que el deporte pasó al pueblo. Antes de eso, en la década de 1870, los británicos comenzaron a difundirlo por Europa, Latinoamérica y, finalmente, Asia y África.

Según cuenta Wahl, fuera de las islas británicas era una “manía burguesa” hasta después de 1900, cuando la práctica tomó tanta fuerza que permeó al pueblo. Cuatro años más tarde nació la FIFA, organismo que entre 1921 y 1954 experimentó un desarrollo comparable con el de la ONU, según sus registros. Tal evolución sigue en pie, tanto que ahora tiene más países asociados que la ONU, con 211 contra 193.

Su influencia es tan grande que, como lo explica el profesor de la Universidad de Antioquia, Gonzalo Medina, “la FIFA tiene un poder de veto impresionante hacia un país, podría decir que tiene más poder que las Naciones Unidas”. No hacer parte del organismo parecería no vincularse a la institucionalidad respecto a la práctica de un deporte, pero para los analistas significa alejarse de un escenario que permeó la cultura, la economía y la política.

De la política al campo

Para el historiador Alfred Wahl, el fútbol no se entiende solo como deporte, sino que es un escenario penetrado por intereses económicos, en el que se enfrentan ideologías y se reflejan las políticas nacionales e internacionales, “es un espejo de los problemas de nuestro tiempo”. Y ese reflejo es tan fuerte que la Segunda Guerra Mundial detuvo la realización del campeonato.

Años después, la imagen de Hitler y sus soldados caminando por los alrededores de la Torre Eiffel, después de derrotar al ejército francés en la Segunda Guerra Mundial, generó tantas tensiones que el resentimiento quedó en lamemoria del pueblo. En 1952, un aficionado llegó al estadio de Colombes, de París, vistiendo un uniforme con rayas verticales, blancas y azules, manga larga y ancho: un uniforme de los campos de concentración Nazi.

Suecia, Copa Mundial de 1958, cuando Pelé era la estrella y Brasil, el rey. Egipto, Sudán e Indonesia se negaron a jugar contra Israel porque tenían diferencias políticas. ¿El motivo? Según lo explica la relacionista internacional Karina García en un artículo publicado en la revista CONfines, los eventos deportivos en el ámbito internacional “han sido medios para manifestar los intereses políticos de los Estados” e incluso pueden considerarse como una extensión de la política exterior en la que muestran su soberanía y pueden proyectar una buena imagen al resto del mundo.

Cuatro años después de la guerra de las Malvinas, en la que Inglaterra derrotó a Argentina, fue la selección albiceleste la que pasó factura, en a copa mundo de México 86. Argentina se coronó campeona y en cuartos de final derrotó a Inglaterra con dos goles del naciente astro del fútbol Diego Armando Maradona. En uno dejó en el camino a 6 jugadores rivales y anotó. El otro, más polémico, fue un gol hecho con la mano. Cuando Maradona fue cuestionado al respecto respondió: fue “un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios”. Para los expertos del fútbol ese día se anotó el gol del siglo. En la cancha, Argentina cobró aquella derrota militar.

Hasta el conflicto árabe – israelí permeó el deporte. Así lo registró García, señalando que en 1974, la Confederación Asiática de Fútbol expulsó a Israel a causa de esta disputa y en 2004 Tel Aviv pidió que el equipo de Palestina fuera retirado de la FIFA. A pesar de las disputas ideológicas entre ambos, en la actualidad los dos países están vinculados al organismo.

Más allá de los conflictos, un escenario como el Mundial se convierte en uno de los únicos espacios, junto a los Juegos Olímpicos, en el que convergen diferentes culturas, razas e idiomas entorno a un mismo objetivo: el fútbol. Gonzalo Medina explica que “es un elemento que ayuda a consolidar una nación, la identidad de un país y que está integrado al modelo de estado nación de la actualidad”, porque el deporte en general es uno de los elementos que refleja la cultura de una nación. El fútbol termina conviertiéndose en un juego de dos canchas: el estadio y la política.

Fútbol y poder

Argentina 1978. Estadio Monumental de Buenos Aires, más de 40 mil espectadores y la albiceleste se queda con la copa en su propia casa, en un marcador de tres goles contra uno en un encuentro con Holanda. Campeonato en el que el recordado Mario Alberto Kempes anotó seis tantos que lo consagraron como goleador del Mundial.

Que la atención internacional estuviera sobre Argentina no fue un hecho desperdiciado por el gobierno del general Videla, quien convirtió al mundial en una prioridad de su gobierno y, aunque hubo un desacuerdo casi generalizado con que Argentina fuera la sede, João Havelange, presidente de la FIFA en esa época, apoyó al país. Historiadores han reseñado cómo la dictadura intentó aprovechar el evento para legitimar su poder. En ese encuentro los jugadores holandeses se negaron a saludar al general.

Más allá de las anécdotas que hacen parte de las enciclopedias, la Copa Mundo es un evento propio de países poderosos, como organizadores o triunfadores. El decano de la escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Pontificia Bolivariana, Ramón Maya, afirma que “la Copa Mundial y las Olimpiadas son las más grandes expresiones del poder de un país. Es un asunto geopolítico”.

Para explicarlo, Maya utiliza la metáfora en la que el mundo es un centro comercial y cada país, a través de una vitrina, debe mostrarse a las demás naciones para atraer capitales y es el deporte la gran posibilidad de hacerse visible ante los otros. Explica que, “si tenemos una buena posición en el campeonato daremos la impresión de que somos fuertes”.

El balón sigue el dinero

Colombia estuvo a punto de ser el país que se mostraría ante otras naciones cuando ganó la candidatura para ser la sede del Mundial en 1986, pero tan solo cuatro años antes de la competición, el entonces presidente Belisario Betancur renunció al evento argumentando que el país tenía “muchas cosas que hacer” y que no había tiempo “para atender las extravagancias de la FIFA y sus socios”. Simplemente, no había recursos para organizarlo.

Y es que el fútbol tiene una relación directa con el dinero.

Todos los países que han ganado la Copa Mundial de la FIFA desde 1990 pertenecen al Grupo de los 20 países industrializados y Emergentes (G20). De estos, solo uno, Brasil, no hace parte del G7. De hecho, entre los subcampeones de ese periodo el único que no está en el G20 es Holanda, aunque ha disputado tres finales.

Más allá de los ganadores, entre los países que fueron sede de los últimos encuentros mundiales están las naciones que son consideradas potencias. Alemania, en 2006; Japón, que compartió la sede con Corea en 2002; Francia en 1998, Estados Unidos en 1994 e Italia en 1990. Y Sudáfrica, sede de 2010, y Brasil, sede de 2014, registran como los países más fuertes de sus respectivas regiones.

Dejar a un lado el conflicto

El fútbol también juntó países en discordia. Francia y la Unión Soviética se encontraron en junio de 1986 para la copa que se realizó en México. ¿El desenlace? Dos disparos que se convirtieron en goles para un empate 1 a 1.

Después, Francia 1998 vivió dos partidos en los que el balón le ganó a la violencia.

21 de junio, estadio Stade de Gerland y 39.100 personas observando el juego entre Estados Unidos e Irán. Dos goles contra uno hicieron que Oriente Medio triunfara sobre Norteamérica. Y Estados Unidos se encontró con la antigua Yugoslavia en el estadio La Beaujoire ante 35.000 espectadores, siete años después de que los norteamericanos decidieran intervenir en el conflicto de ese país a través de la OTAN, y tan solo un año antes de que ese organismo bombardeara Yugoslavia en la Operación Fuerza Aliada.¿El resultado? 1 a 0 a favor del país desintegrado. En la cancha,ese no fue un buen Mundial para Estados Unidos.

Contexto de la Noticia

Para saber más El día que la guerra se detuvo

Una tregua para noche buena, sellada con un partido de fútbol, esa es una de las pocas historias de alegría en medio de la guerra. Corría 1914, era Navidad y las tropas de Alemania y Gran Bretaña (y sus países aliados) decoraron sus trincheras y cantaron el villancico Noche de paz. Los registros históricos cuentan que la tregua se extendió a otras áreas y estos países jugaron un partido de fútbol que los alemanes ganaron con un marcador 3 a 2. Una disputa entre el país donde nació este deporte y uno de los países que décadas después se convirtió en ganador de cuatro campeonatos mundiales.

Preguntas DIÁLOGO CON GONZALO MEDINA

¿Cómo interpretar que Rusia sea la sede del Mundial actual?

Juliana Gil Gutiérrez

Periodista internacional, amante de los perros y orgullosa egresada de la facultad de Comunicación Social - Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana.

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