“La paz le llegará a Colombia más temprano que tarde”

  • Óscar Arias ahora trabaja por la paz desde su fundación. FOTO Colprensa
    Óscar Arias ahora trabaja por la paz desde su fundación. FOTO Colprensa
  • Arias recibió el Premio Nobel por la paz en Centroamérica. FOTO cortesía f. arias
    Arias recibió el Premio Nobel por la paz en Centroamérica. FOTO cortesía f. arias
Publicado el 09 de octubre de 2016
en definitiva

Los diálogos de paz que permitieron la construcción progresiva de la paz en Centroamérica inspiran hoy a Colombia para, a través del Premio Nobel, seguir en esa misma línea.

“El Premio Nobel de la Paz es para siempre. Es un galardón que honra, pero también un fardo que uno tiene sobre las espaldas”, reconoce Óscar Arias, costarricense y quien desde 1987 lleva a cuestas el doble significado que, según él, implica ser laureado por el Comité Noruego: la victoria y el lastre.

Aunque Arias, el segundo de cuatro premiados en América Latina (después del argentino Adolfo Pérez Esquivel, y antes de Rigoberta Menchú y Juan Manuel Santos), acepta que el Nobel enriquece en conocimientos y da una fuerza moral con peso en el mundo, todos los reconocidos, a la final, terminan sintiendo que es demasiado.

De hecho, el sacerdote sudafricano Desmond Tutu, Nobel de Paz en 1984 por su lucha contra el apartheid, le dijo un día con cierta incomodidad: “Yo sigo siendo el mismo obispo, pero la gente cree que ahora soy un santo”.

“Saber que seguimos siendo los mismos seres humanos con virtudes y defectos, pero que la humanidad nos cree inequívocos”, dice el también expresidente de Costa Rica, es algo con lo que él, Tutu y ahora el presidente Santos tendrán que vivir hasta el último día de sus vidas.

No obstante queda la victoria, el logro por el que pasaron a la historia. El suyo fue luchar por restaurar la paz en una Centroamérica permeada por diferencias ideológicas que brotaron de la Guerra Fría. Aunque en Costa Rica primaba la calma, sus vecinos Guatemala y El Salvador derramaban sangre en guerras civiles, mientras en Nicaragua caía la dictadura de la familia Somoza y el Frente Sandinista de Liberación Nacional se tomaba el poder. La paz era un imperativo.

Entonces, Arias le propuso lo impensable en ese contexto beligerante a los presidentes de las repúblicas centroamericanas: que cada uno limitara el tamaño de sus ejércitos, que asegurara la libertad de prensa y que celebrara elecciones libres y abiertas.

Contra todo pronóstico, los líderes firmaron el plan en agosto de 1987, que aunque imperfecto, se convirtió en la base de una paz duradera y de la transformación hacia la democracia en esa región.

Con la certeza de que, como en su caso, el diálogo tiene el poder de frenar los ríos de sangre, Arias cree que el Nobel de Paz a Juan Manuel Santos le dará un empujón necesario al proceso de paz entre el Gobierno colombiano y las Farc y, según dijo en entrevista a EL COLOMBIANO, favorecerá que en el país “se reconcilie hasta lo irreconciliable”.

¿Realmente cree que el Nobel de Paz tenga la fuerza para sacar adelante el acuerdo en Colombia?

“Sin duda. Aunque este no es un premio a la obtención de la paz, porque esta no se ha logrado todavía, el significado para Santos es muy claro: es un mensaje a la comunidad internacional, un mensaje al pueblo colombiano, a los negociadores de La Habana, de que lo que han venido haciendo en los últimos cuatro años es el camino correcto, y que deben perseverar en ese esfuerzo hasta alcanzar la paz”.

¿Y cree que el país tenga condiciones para obtener la paz?

“La paz tuvo un revés en el referendo con una diferencia tan pequeña, que lo único que demuestra es que la sociedad colombiana está polarizada. Aunque posiblemente hubo intangibles, como el huracán, que impidieron que mucha gente fuera a votar. Pero me parece que ese no es el punto. El punto es que si al día de hoy han tenido valor de sentarse en una mesa a negociar y no continuar disparando las armas, deben seguir por ese camino, y el Comité Nobel, al otorgarle el Premio Nobel de la Paz al presidente Santos, le está señalando al pueblo colombiano y a la comunidad internacional que lo que están haciendo es lo correcto”.

Algunos tachan de política la decisión del Comité Noruego del Nobel respecto a Santos...

“Yo lo veo como un espaldarazo, un catalizador al proceso de paz. Por supuesto que siempre habrá gente que no esté de acuerdo. Muchos no lo estaban con el Nobel al presidente Rabi, a Simón Peres y a Arafat en 1994, porque incluso al final no fructificaron en la paz, pero también hubo detractores conmigo, el caso es que yo interpreté el premio como un espaldarazo al plan de paz que yo le presenté a mis colegas centroamericanos, y la paz llegó. Hubo que esperar en Nicaragua, también en El Salvador y finalmente en Guatemala, pero la paz llegó, y la paz le llegará a Colombia más temprano que tarde.Ese es el significado de este galardón”.

El Comité del Nobel es claro en que más que un premio para Santos esto es una especie de tributo para un país que ha sufrido. ¿Logra despersonalizarse el galardón?

“Él es el presidente democrático de Colombia, el representante legítimo del pueblo colombiano, y eso no se puede perder de vista. De los colombianos depende sentir que el Nobel es un tributo también al sufrimiento de más de 50 años del pueblo colombiano, que tiene todo el derecho de poder vivir su historia en paz. Por eso este premio me da la certeza de que las negociaciones van a fructificar, pero pedimos que fructifiquen lo más pronto posible”.

Hay quienes preguntan por qué no se incluyó al lado de la guerrilla de las Farc en el reconocimiento. ¿Usted lo cuestiona?

“No me atrevo a opinar porque desconozco qué había en la mente de cada uno de los miembros del Comité del Nobel en Oslo para darle el premio exclusivamente al presidente, pero la verdad es que las Farc han estado de la mano con el narcotráfico, envueltos en temas de drogas, y eso ha sido un poco complicado. Posiblemente la comunidad internacional no vio con mucha simpatía el hecho de que entre los galardonados estuviera un grupo vinculado con drogas, una guerrilla que finalmente no es común y corriente, porque nadie cuestionó que Arafat fuera un guerrillero, pero es que justamente no era un guerrillero involucrado con las drogas. Esto va a a ser controversial, como todo en la vida, pero me parece que ustedes deben pasar esa página y sentirse orgullosos y halagados, porque solo beneficios les va a traer el Premio Nobel de Paz”.

Usted fue presidente de Costa Rica mientras Álvaro Uribe lo fue en Colombia, y fueron cercanos. ¿Cuál debe ser la respuesta de él, líder del No en el referendo, frente a lo que implica el Nobel?

“Es importante que la oposición haya manifestado que no hay ningún paso atrás, y me parece que después de que el No triunfó en el plebiscito, evidentemente hay que escuchar las principales dudas de los colombianos que están en contra. La flexibilidad para escuchar muchas voces se requiere en las negociaciones de La Habana, porque recordemos que en una negociación uno no logra siempre lo que quiere, sino a lo que puede, y creo que aquí habrá nuevos insumos del No que tienen que ser atendidos”.

¿Qué transformaciones se generaron a partir de su Premio Nobel en Centroamérica?, ¿podría suceder lo mismo en Colombia?

“Un premio Nobel de la Paz solo cosas buenas le trae a un presidente. Como nos sucedió a nosotros, cuando ustedes alcancen la paz y silencien las armas para siempre, va a haber más inversión nacional en Colombia, más inversión extranjera, turismo, un crecimiento mayor de la economía; consecuentemente, menos desocupación, mayores salarios, mayor nivel de vida, mayor producción y mayor generación de riqueza. Lo que sí es necesario es que el Gobierno aplique instrumentos para distribuir esa riqueza, porque solo hay desarrollo cuando hay paz con justicia social. Por eso, creo que el Premio Nobel le va a permitir a Colombia un mayor bienestar para toda su población, una sociedad más inclusiva, con menos diferencias sociales, eso sí, con la progresividad de un sistema tributario que permita generar sociedades mucho más igualitarias. Solo cosas positivas le esperan a Colombia”.

Cuando han transcurrido 29 años desde que usted obtuvo el Nobel de Paz, ¿qué pasó con usted y con su región?

“Es muy feo hablar de uno, pero yo acabo de renunciar a ser candidato presidencial por tercera vez, aunque los costarricenses me han puesto mucha presión para que vuelva y las encuestas muestran que si soy candidato tengo muchísimas probabilidades de ganar una elección. Sin embargo, estoy en otro tiempo, y sigo viendo el Premio Nobel como algo muy positivo, que me permitió poner en el mapa mundial a Costa Rica. La evidencia está en que desde 1987 comenzó el auge del turismo en mi país, hoy nos visitan más de 2 millones y medio de turistas, por ser un país de paz, sin ejército, que se atrevió a luchar por la paz en los 80”.

Contexto de la Noticia

Paréntesis ¿Qué hacer con el dinero del nobel?

El Premio Nobel de la Paz en 1987 le permitió a Óscar Arias no solo la consolidación de los procesos de paz en la región, sino también la creación de la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano, institución que se ha dedicado a la promoción de causas como la desmilitarización, el control de armas pequeñas y livianas, la equidad de género y la gobernabilidad democrática.

Además del premio económico para hacer efectivas sus causas, Arias cuenta que el reconocimiento le significó escuchar con más atención las preocupaciones de los ciudadanos y poder tener la credibilidad para continuar como presidente. Y es que cuando finalizó su primer mandato, el fomento de la seguridad y el desarrollo humano desde su fundación consolidó su presidencia en 2006 y hasta 2010. Hoy desde su organización sigue defendiendo la paz y los derechos humanos.

Mariana Escobar Roldán

Periodista del área Internacional de EL COLOMBIANO.

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