Pese al indulto, el fujimorismo dio la estocada final

  • Pedro Pablo Kuczynski, minutos después de anunciar su decisión de dejar el cargo de presidente de Perú. FOTO Reuters
    Pedro Pablo Kuczynski, minutos después de anunciar su decisión de dejar el cargo de presidente de Perú. FOTO Reuters
Por: maría alejandra castillo | Publicado el 22 de marzo de 2018
en definitiva

El ahora expresidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski renunció antes de que el Congreso lo obligará a salir del cargo. El legislativo y el judicial definen ahora el futuro de la gobernanza peruana.

A las 2:20 de la tarde de ayer el mundo vio salir de la Casa de Pizarro (Palacio Presidencial) al mandatario de Perú, Pedro Pablo Kuczynski; pero no salió por la puerta grande. Por el contrario, se fue dando patadas y refiriéndose al clima de “ingobernabilidad” y calumnias en torno a él, nacidos del escándalo de Odebrecht.

Demostrando que para gobernar se necesita un estómago fuerte, el hombre de 79 años no aguantó la presión y, con su dimisión, a 21 meses de posesionarse en el cargo, se convirtió en el primer Jefe de Estado que, envuelto en el escándalo de la constructora brasilera, deja el poder.

Con su renuncia, la gobernanza peruana adquirió una nueva dimensión de inestabilidad: a tres semanas de la Cumbre de las Américas en donde tenía previsto reunirse con el presidente de EE. UU. Donald Trump; y de Cuba, Raúl Castro, este capítulo se convierte en el último de una estirpe política nacional que parece destinada al escándalo desde la década de los noventa con la llegada de Alberto Fujimori a la presidencia.

Lo que se le viene al presidente, quien decidió renunciar antes de que lo obligaran a salir, es incierto. No hay una certeza absoluta de que el Primer Vicepresidente (llamado a reemplazarlo de acuerdo con la Constitución), que se ha distanciado del ejecutivo, asuma el cargo, y la única pregunta que se debieron hacer todos los peruanos el día de ayer fue: ¿Qué futuro le depara al país?

Dos caminos del Congreso
La renuncia del presidente Kuczynski fue positiva, según expertos consultados, para la transparencia y la gobernanza del país inca.

En esa dirección, la Constitución peruana contiene una serie de causales por las cuales el mandatario podía ser vacado o, en términos colombianos, sacado del puesto de presidente, y una de ellas se debió a la permanente incapacidad moral, que en este caso abarcaba “todas las mentiras en las que incurrió el presidente sobre sus relaciones con la empresa Odebrecht”, le dijo a EL COLOMBIANO el abogado experto en temas de justicia del Instituto de Defensa Legal en Perú, Ernesto de Jara.

Esta moción estaba aprobada para realizarse hoy en el Congreso, pero tras el alboroto causado por los vídeos y audios (“Keikovideos”) que mostraban como se intentó comprar votos de los congresistas fujimoristas para que no votaran su salida del Gobierno el 22 de diciembre, en el debate de moción de censura, el presidente se le adelantó a este mecanismo y renunció un día antes de que se discutiera su futuro en el capitolio.

Por eso ahora recae sobre el Congreso la forma en la que el legislativo lidiará con la transición en el poder. A partir de hoy lo que queda pendiente es que desde el capitolio se decida si le aceptan o no la renuncia.

“Él renunció sin reconocer absolutamente nada y más bien lo que hizo fue provocar al Congreso. Ya hay voces de congresistas que dicen que la vacancia continuará y que no se le debe aceptar la carta, pero este es un mecanismo que perjudica al país. El legislativo tiene entonces dos posibilidades: aceptarle la renuncia inmediatamente o continuar con el proceso de vacancia y aprobarla”, añadió el abogado peruano.

Kuczynski pierde inmunidad
Antes de que el presidente por el partido Peruanos Por el Kambio (PPK) tomara ayer la decisión en el consejo de ministros de retirarse, el presidente de su colectividad, Salvador Heresi, ya le había pedido a Kuczynski que renunciara por dignidad. De hecho, señaló que si no lo hacía “votaría a favor de la vacancia”. Su salida parecía inevitable y esta fue, más bien, la crónica de una destitución anunciada.

De acuerdo a Arturo Maldonado, miembro de la consultora 50 más uno, un grupo de análisis político de Perú, su renuncia lo despoja de su inmunidad, “y ahora el poder judicial está en la capacidad de acusarlo y de dictarle prisión ya sea efectiva o preventiva, por temas de la edad”.

No obstante, de acuerdo con Ernesto Jara, es muy pronto saber si tendrá que pagar sentencia porque hay que demostrar que haya incurrido en un delito, y añadió que, aunque hay declaraciones de Marcelo Odebrecht y de Jorge Barata que lo involucran, él como presidente de la República, de acuerdo con la Constitución, no podrá ser sometido a una investigación penal de manera inmediata.

“Estamos hablando de un Jefe de Estado. El fiscal le debe pedir a la Corte Suprema investigarlo por determinado hecho. Si esto prospera, la misma Corte lo comunica al Congreso, ente que tendrá que hacer un antejuicio para que se le quite la inmunidad al presidente; si se declara caso fundado (con argumentos suficientes para investigar formalmente), pasa al fiscal para que comience la investigación. No puede de ninguna manera ser sometido a una investigación penal. Kuczynski será llamado a declarar a la Fiscalía”.

En su mensaje de despedida a la nación, Kuczynski dijo que desde que asumió el poder, el 28 de julio de 2016, se desempeñó dando lo mejor de sí a pesar de la constante obstaculización y ataques de que fue “objeto por parte de la mayoría legislativa”, que controla el partido fujimorista, Fuerza Popular.

Argumentó que frente a la difícil situación que se fue generando alrededor de él y de su gobierno, asumió un papel en el que lo estaban mostrando injustamente como culpable de actos en los que según él mismo no participó. “Por eso, pienso que lo mejor para el país es que yo renuncie a la Presidencia de la República”, dijo en su última alocución presidencial ante el pueblo peruano. Ahora tendrá que demostrar que esto es cierto.

Contexto de la Noticia

Se acabó el mandato del “gringo”

Durante su campaña para llegar a la presidencia del Perú, Pedro Pablo Kuczynski intentó darle a entender a la gente que a pesar de su complicado apellido europeo, su español con acento inglés y su doble nacionalidad estadounidense, era un tipo de pueblo. Para ello se valió de bailes, sonrisas y reducirse su identificación a tres letras: PPK. Las mismas que utilizó para crear su partido político, Peruanos Por el Kambio. Sin embargo, lo que terminó condenándolo fue justamente lo que más le criticaron: su cercanía al empresariado privado. En la calle la idea era más básica. Los peruanos de a pie que lo veían en pancartas, con ese rostro caucásico acompañado de cabellera blanca, creían que se trataba de un tipo adinerado y extranjero, un “pituco” como se dice en Perú. Nada cercano. Él siempre se defendió de esas críticas recordando que creció en pleno Amazonas, privado de las comodidades que podía tener ahora, a sus 79 años. Aunque nació en Lima en 1938, él pasó la mayor parte de su infancia en Iquitos, poblado del norte peruano situado en plena selva a donde llegó en 1942 por el trabajo de su padre, el médico judío alemán Maxime Kuczynski, quien arribó a Sudamérica para estudiar las enfermedades tropicales del Amazonas y, de paso, huir del creciente movimiento nazi en Alemania. A su lado estaba la madre del presidente Madeleine Godard, suiza de nacimiento y maestra de literatura y música por vocación. Al crecer, se formó en economía en dos de las principales universidades del mundo, como son Oxford (Inglaterra) y Princeton (Estados Unidos), lo que le garantizó buenos contactos para desarrollarse dentro del mundo del capitalismo. A mitad de mandato, tras salir de la Casa de Pizarro, el destino que le deparará a Kuczynski aún es incierto. Quizá reconsiderará la jubilación y la vida tranquila en EE. UU., donde viven algunos de sus hijos. Después de todo, él mismo aseguró que el de presidente sería su último trabajo.

PROTAGONISTAS el que asumiría el poder en perú

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martín vizcarra
Vicepresidente de Perú
Durante las últimas semanas el primer vicepresidente de Perú, Martín Vizcarra, un ingeniero sin vínculos con los partidos políticos tradicionales y ahora llamado a presidir el país se mantuvo al margen de todos los avatares políticos limeños, aunque en medios peruanos señalan que está dispuesto a llegar a la casa de Pizarro. “Este será un periodo de incertidumbre porque hace algunos días los oficialistas y algunos congresistas le exigieron que sentara posición y él no lo hizo”.

Periodista de la sección de Actualidad de EL COLOMBIANO

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ANÁLISIS

Las tres lecturas de la renuncia presidencial
Pedro piedrahíta
Docente de ciencias políticas de la Universidad de Medellín

Le doy varias interpretaciones a lo que está ocurriendo en Perú. La primera tiene que ver con la relación que existe entre la política y el crimen. La corrupción es una categoría criminal, así a través de eufemismos se quiera establecer como un delito menor. Incluso me atrevería a compararla con el mismo...

Notas de la sección