En su día, 5 historias de madres luchadoras

  • De izquierda a derecha. Arriba: Catherine Martínez y Esperanza Vélez. Abajo: Patricia Dussan, María Roa y Noralba Quintero
    De izquierda a derecha. Arriba: Catherine Martínez y Esperanza Vélez. Abajo: Patricia Dussan, María Roa y Noralba Quintero
Por Ferney Arias Jiménez | Publicado el 13 de mayo de 2018
12,5 %

tasa de desempleo de las mujeres en el Valle de Aburrá en 2017, según el Dane.

Las mamás de hoy pueden conducir un camión cargado con 30 toneladas de concreto, también crean empresa y se convierten en sus propias jefas, se sobreponen a las quiebras cuntas veces sea necesario, le hacen frente a las enfermedades más agresivas y no dejan de ponerse las botas para afrontar los desafíos laborales, y nunca pierden de vista el hogar y los hijos.

La firma cazatalentos Performia resalta la capacidad que ellas tienen para hacer muchas actividades a la vez: “Tanto en la vida personal como profesional, las mujeres en su mayoría son capaces de empezar varias actividades a la vez y terminarlas de forma exitosa. Esto hace parte de su día a día, ya que muchas no solo trabajan en una empresa o por su cuenta, también son madres, amas de casa y llevan una vida conyugal”.

Pero esos atributos, pese a ser reconocidos, no son tenidos en cuenta al repasar las condiciones laborales de las mujeres. En su más reciente reporte, la Escuela Nacional Sindical (ENS) asegura que las brechas de género en términos económicos, sociales, culturales y simbólicos ponen a las mujeres en franca desventaja frente a sus pares masculinos, para el acceso, la promoción y la permanencia en el mundo laboral.

Para la ENS estas desventajas afectan en particular la autonomía económica y el desarrollo de las mujeres, pero también impactan de manera negativa la distribución del ingreso, las familias y la sociedad en su conjunto (ver gráfico).

Pese a la Ley 1496 de 2011, sobre igualdad salarial, en 2016 la diferencia de ingresos salariales entre hombres y mujeres fue de 19 puntos, es decir, las mujeres ganaron el 81 % del salario que recibieron los hombres. En promedio, el salario de los hombres fue de 1,05 millones de pesos y el de las mujeres de 854.328 pesos.

Pero lejos de esta realidad, cinco mujeres amas de casa con las que habló EL COLOMBIANO demuestran con sus experiencias que no hay obstáculos insalvables.

Noralba Quintero y su cultivo de flores. FOTO Juan Antonio Sánchez
Noralba Quintero y su cultivo de flores. FOTO Juan Antonio Sánchez

Sin espacio para la fragilidad

Empleada en cultivos de flores, despachadora de carros y cuidadora de discapacitados fueron trabajos que por catorce años desempeñó Noralba Quintero, quien en 2013 decidió tener su propia empresa. Sin más recursos que el conocimiento adquirido en el sector floricultor, arrendó un lote de 1,5 hectáreas, en El Carmen de Viboral, en el que supuestamente había 30 mil matas. “Las conté y solo me vendieron 15 mil”, recuerda esta mujer, a quien el primer pedido de 700 tallos tampoco se lo pagaron. Desde hace 9 meses lucha para superar un cáncer, pero gracias al apoyo de su familia ha logrado que sus flores lleguen a través de grandes comercializadoras a los mercados de Estados Unidos y Rusia. En 5 años su área de cultivo se duplicó a tres hectáreas y las siembras suman unas 120 mil matas. “El negocio ha estado muy complejo, de doce clientes bajé a cinco pero sigo adelante”, dice Noralba, quien se desvive por sus dos hijos.

Catherine Martínez maneja este mezclador de concreto en Argos. FOTO Jaime Pérez
Catherine Martínez maneja este mezclador de concreto en Argos. FOTO Jaime Pérez

Manteniendo siempre el Rumbo

Cuando terminó el bachillerato en Medellín, Catherine Martínez se casó pero esto duró 8 años. “Estuve trabajando dos años en un campamento informal minero en Chocó, pero en un término de 5 meses me dieron tres crisis de paludismo, así que me devolví”. Tras ese episodio, en Medellín se le apuntó a ser la primera conductora de un bus de servicio público. “Han sido experiencias distintas: en minería fue una vivencia muy dura porque era la única mujer en medio de la selva cocinado para 35 hombres, y manejando el bus. Una vez un muchacho no quiso viajar conmigo diciendo que una mujer al volante es un peligro”, recuerda. Hoy, como conductora de un mezclador de concreto en Argos, Catherine reconoce que la tarea de estar al frente de un vehículo de al menos 30 toneladas de peso no es fácil, la precaución es esencial. “Pese a las jornadas largas de trabajo cuento con flexibilidad para dedicarle tiempo a mi hijo de 2 años”.

Patricia Dussan ha salido a flote a pesar de las dificultades. FOTO Jaime Pérez
Patricia Dussan ha salido a flote a pesar de las dificultades. FOTO Jaime Pérez

Levantarse luego de las quiebras

Tras varios años con una venta de equipos de computo y servicios de reparación en el garaje de su casa, Patricia Dussan levantó y educó a sus tres hijos con quienes inició una empresa que se especializa en la producción de etiquetas de códigos de barras. A pesar de dos quiebras, está huilense ha sabido esquivar las dificultades financieras y salir a flote. “Lo más difícil es resistir, porque mantener una empresa, responder con seriedad es muy duro. Son muchos los compromisos económicos, empezando por la nómina”, relata Patricia que tiene a cargo 15 empleados.

Pero los sueños de esta empresaria que hoy atiende a 250 clientes es triplicar ese número y los puestos de trabajo. “Tenenos muy buenas propuestas y entre los proyectos está el de comprar una nueva máquina para atender la mayor demanda. Vamos realizando los sueños, uno a uno, y pese a lo machista de esta industria hemos avanzado”, concluye.

María Roa es líder comunitaria. FOTO Manuel Saldarriaga
María Roa es líder comunitaria. FOTO Manuel Saldarriaga

Sorteando la discriminación

Tras el asesinato de un hermano en Apartadó, María Roa migró a Medellín hace 22 años, donde por falta de estudios, ser negra y desplazada la única oferta laboral que obtuvo fue en el servicio doméstico. El trabajo que realizó como líder comunitaria en el sector de Villatina, en el oriente de Medellín, le sirvió para que fuera invitada a crear un sindicato de trabajadoras del servicio doméstico. Con tres hijos y dos nietos, María ha estado Harvard participando en foros sobre la construcción de la paz. El trabajo de casi cinco años en la organización sindical agrupa a unas 400 mujeres.

“A algunas les pagan el salario mínimo y les reconocen las prestaciones, pero muchas otras no logran que les paguen la prima ni que las afilien a la salud”, relata María, quien asegura que uno de sus objetivos será alcanzar cambios reales en la vida de las mujeres y en particular en las empleadas del servicio doméstico en el país.

Esperanza Vélez está dedicada a la pintura. FOTO Juan Antonio Sánchez
Esperanza Vélez está dedicada a la pintura. FOTO Juan Antonio Sánchez

Rodeada de buenos equipos de trabajo

La trayectoria de Esperanza Vélez por más de 34 años pasa por los sectores público y privado. De sus realizaciones destaca la implementación de los programas de servicio a los usuarios de la Cámara de Comercio de Medellín, con lo que se eliminaron las colas que según dice, “eran vergonzosas”. Esta administradora de Empresas de la UPB y especialista en Mercadeo y Alta Gerencia asegura que siempre se sintió respaldada tanto por sus jefes como por el personal a su cargo. “Siempre me dejaron volar y las personas que me rodearon fueron un soporte”, enfatiza.

Admite que no faltaron los momentos de crisis, pero la creatividad y la innovación permitieron resolver coyunturas complejas. Hoy, retirada y dedicada a la pintura, Esperanza relata que pese a que su casa paterna fue numerosa (12 hijos), la elección de vida fue no tener hijos, cosa que no le impidió contraer matrimonio y formar un hogar.

Contexto de la Noticia

Ferney Arias Jiménez

Periodista de economía de El Colombiano. Oidor de tangos. Sueño con una Hermosa sonrisa de luna.

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