Anacristina Aristizábal Uribe
Columnista

Anacristina Aristizábal Uribe

Publicado el 14 de agosto de 2018

330 años para salir de pobres

“La movilidad social se estancó y la desigualdad aumentó en la última década”, por eso, un niño colombiano pobre hoy, tardará 330 años para salir de la pobreza, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Esto es un asunto de un país en extremo... egoísta.

La podrida conciencia del corrupto le impide entender que su corrupción empobrece al país ($50 billones robados, dijo en 2017 el contralor Edgardo Maya). Padecemos un poderoso “sistema” de corrupción organizado en “carteles”: el de la contratación descubierto en 2010, el azucarero (2013), el cartel del cemento (2013), el del papel (2014), el de la hemofilia (2016), medicamentos (2016), papel higiénico (2016), cuadernos (2016), el cartel de la toga (2017), del arroz (2017), la chatarra (2017), ganado (2017), el cartel de las tutelas (2018), del bastón (2018), del Sida (2018) y el de la alimentación escolar (PAE) en 2018.

Son personas del sector privado y público, profesionales, de quienes la sociedad esperaba un comportamiento social ejemplar y digno de su título universitario. Pero no supieron entender la responsabilidad que ello supone y robaron como cualquier vil ratero. Por su culpa, y para llenar semejante hueco de 50 billones, al gobierno alcabalero (anterior y nuevo) lo primero que se le ocurre es crear más impuestos y a más gente.

Por culpa de esos corruptos incapaces de pensar en las consecuencias de sus pillerías, los niños pobres en Colombia no tienen esperanza de salir de la miseria. Pero esos corruptos no son los únicos responsables. También lo son aquellos poderosos y ricos empresarios e industriales que no entienden que podrían crear (más) trabajo digno, que es lo que la gente necesita. Se quejan de los impuestos y están presionando al gobierno para que se los baje, dizque para crear nuevos empleos: los reto a que le muestren al país cuántos empleos crearon, cuando efectivamente el gobierno les rebaje impuestos. Ellos solo están desbocados pensando en altas cifras para la acumulación y tanteando paraísos fiscales en el exterior. Lo peor: en algunos de esos círculos se les dio por acusar al pobre de su pobreza. El problema es que no hay empleo de calidad: en Medellín la tasa del empleo informal en 2017 fue del 65,9 %. Las paredes de sus elegantes oficinas ocultan la realidad, pero es desde allí que se podrían tomar medidas efectivas.

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