John Marulanda
Columnista

John Marulanda

Publicado el 12 de octubre de 2017

¿A NOMBRE DE QUIÉN?

Las dos farc, que son una, la armada narcoterrorista y la política chavista, están evidenciando lo que tantos y tantas veces hemos recabado: su enfermizo empecinamiento por alcanzar el poder, motivados por el odio bajo los postulados de la combinación de todas las formas de lucha.

Ese “maravilloso” acuerdo aplaudido por extranjeros a quienes Colombia les importa poco, tendrá su punto de quiebre con la JaaEP que debilitará las FF. MM., única contención a las ambiciones comunistas de tomarse el gobierno a punta de AK-47 y ante la permanente amenaza y chantaje narcofariana, narcoelena y del crimen organizado, amedrentará a empresarios, organizaciones y comunidad civil en general para que no hagan uso del legítimo derecho de la defensa. La Rebelión quedará proscrita y estigmatizada bajo el título genérico y equívoco de paramilitarismo. La guerrilla, por el contrario, terminará impune, sino glorificada.

La Representante Cabal denuncia que nos están montando un Sebin como en Venezuela; la candidata Marta Lucia alerta sobre la censura de opinión y prensa que viene; el candidato Pinzón advierte el peligro de guerrilleros en las empresas de vigilancia y seguridad privadas; el candidato Ordóñez denuncia que estamos ante la mayor operación de lavado de activos; el pre candidato Nieto revela cómo la JEP dejará en impunidad crímenes de lesa humanidad de las farc, el precandidato Iván Duque, con clara visión, lo anota reiteradamente: se está desinstitucionalizando el país. Y el gobierno de EE. UU. reclama: las narcoterroristas farc no están cumpliendo. Pero el Embajador Whitaker no ha leído bien lo acordado en La Habana, que fue avalado por su gobierno.

Los recientes casos de Cauca, Chocó y Catatumbo son solo una muestra de la pérdida de control territorial y de deslegitimación de la fuerza legal del Estado, por cuenta de ríos de dinero contante y sonante que desatan las más bajas pasiones alimentadas por la necesidad de subsistencia.

Las matanzas, se puede repetir en Putumayo, Arauca y Guaviare en donde el Estado ha sido totalmente suplantado por organizaciones criminales internacionales que abastecen una demanda al alza en todo el mundo y en especial en los países de donde vienen burócratas a colonizarnos con su ineficaz palabrería azul.

Tocará entregarles la seguridad pública a las Guardias Indígena, Campesina y Cimarrona, entrenadas en la ideología bolivariana, mientras nuestros policías son encarcelados, nuestros soldados se van al Congo y nos transformamos en un narcoestado parafariano.

Este Gobierno es el único responsable de las muertes, del desprestigio de su Fuerza Pública y la corrupción desbordada, al aceptar ingenua e irresponsablemente, la suspensión de la aspersión aérea de cultivos ilícitos, la no extradición de narcocapos terroristas y la conexidad del narcotráfico con el delito de rebelión. ¿A nombre de quiénes pasamos la factura?.

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