The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 12 de marzo de 2018

¿A QUÉ RENUNCIARÁ TRUMP POR LA PAZ DE COREA DEL NORTE?

Por Victor Cha
redaccion@elcolombiano.com.co

El anuncio en la Casa Blanca el jueves de que el presidente Trump se reunirá con el líder norcoreano, Kim Jong-un, dentro de dos meses plantea más preguntas de las que responde. Si bien la imprevisibilidad de una reunión entre estos dos líderes no convencionales ofrece oportunidades únicas para poner fin al conflicto de décadas de antigüedad, su fracaso también podría empujar a los dos países hacia el borde de la guerra.

El asesor de seguridad nacional de Corea del Sur, quien se había reunido con el Sr. Kim en Corea del Norte el lunes, hizo el anuncio en la Casa Blanca después de reunirse con el Sr. Trump. Dijo que el norte consideraría la desnuclearización, acordar el cese a las pruebas de armas por ahora y aceptar el comienzo de los ejercicios militares anuales entre EE.UU. y Corea del Sur esta primavera.

Después de más de un año de retórica intensa entre los dos líderes, y pruebas de misiles norcoreanos, EE.UU. y Corea del Norte parecían dirigidos hacia un curso de colisión en la fase previa a los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyeongchang, Corea del Sur, el mes pasado. El frío trato del vicepresidente Mike Pence a los dignatarios norcoreanos visitantes en los juegos pronosticó para muchos que el alivio temporal de la diplomacia deportiva abriría paso a una peligrosa crisis militar. La temperatura en la península coreana parece haber sido reducida por ahora.

Aunque el gobierno de Corea del Sur merece reconocimiento por convertir una crisis inminente en una oportunidad, no hay forma de negar que el aparente cambio de actitud de Pyongyang surge en parte por el efecto económico de las sanciones globales del Sr. Trump. Los norcoreanos probablemente estaban alarmados por informes temprano en el año que decían que la administración Trump estaba considerando opciones militares. Pero Kim también calculó que una pausa en las pruebas de armas de su país ahora no destruiría de manera significativa la capacida de Pyongyang para avanzar su programa nuclear.

La pregunta sin respuesta en el futuro es lo que EE.UU. está dispuesto a poner sobre la mesa para una negociación. En años de tratar con Corea del Norte, he aprendido que el régimen nunca da nada gratis. En la medida en que esta administración ha pensado en la diplomacia durante su primer año, no fue más allá de enumerar las cosas que EE.UU. no haría en futuras negociaciones; por ejemplo, no abandonar las sanciones, no pagar por las reuniones, no cometer los errores de las negociaciones pasadas.

Sin embargo lo que era distinto sobre la declaración de Corea del Sur fue la descripción de medidas conciliatorias que el Sr. Kim parece dispuesto a tomar -congelamiento de pruebas de misiles, no respuesta a ejercicios militares americanos, y una invitación a una cumbre- pero sin detalle en cuanto a lo que Trump estaría dispuesto a ofrecer a cambio. Parece haber dos posibles caminos.

Uno sería ofrecer energía y asistencia económica incrementales y levantar las sanciones para la congelación y eventual desmantelamiento no solo de las armas nucleares, sino del programa de misiles balísticos de largo alcance. Este en particular, no ha sido tema de negociaciones en casi dos décadas, y Trump podría obtener una victoria dados sus tweets durante la campaña de que la capacidad del Norte de apuntar a la patria estadounidense “nunca va a suceder” mientras él sea presidente.

Pero ese es el mundo del Sr. Trump, negro es blanco, adelante es atrás, caos es bueno. Aunque uno de estos caminos o algún híbrido sea elegido, se aconseja que la administración haga cuatro cosas.

Primero, tiene que coordinar de cerca con sus aliados. Nuestra política de Corea del Norte nunca debe venir a expensas de nuestros aliados. Si bien Corea del Sur está claramente a bordo, también lo debe estar Japón, cuyos líderes deben estar sufriendo un caso de latigazo diplomático después de haber sido el animador más grande de Trump en su campaña para presionar a Pyongyang y considerar opciones militares. Segundo, el Sr. Trump debería saber que su ventaja negociadora con el Sr. Kim sólo será efectiva si sus sanciones presionan y las capacidades de disuasión siguen fuertes.

Además, cualquier cumbre no puede permitir que los pronunciamientos del Sr. Pence durante los Olímpicos sobre los abusos de Corea del Norte contra los derechos humanos se evaporen. De hecho, involucrar al régimen en mejorar su historial de derechos humanos podría ser una medida importante de la autenticidad de las propuestas diplomáticas de Corea del Norte.

Todos deberían estar conscientes de que este dramático acto de diplomacia por parte de estos dos inusuales líderes, a quienes les encanta el estilo y el drama, también nos podría acercar más a la guerra. Negociaciones fracasadas a nivel de cumbre dejan a los partidos sin más recurso para la diplomacia.

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