Óscar Domínguez
Columnista

Óscar Domínguez

Publicado el 18 de mayo de 2017

ALEGATO POR EL ESCUDO

Como en la gobernación de Antioquia no saben quién soy yo, les afrijolo mi prontuario para que lo tengan en cuenta a la hora de adjudicar el Escudo de Antioquia, máxima condecoración que otorga el departamento:

Nací a “temprana edad” a solo dos cuadras del marco de la plaza de Montebello.

De niño fui víctima de “bulin” familiar consistente en que me obligaban a pasar por debajo de la registradora para ahorrar pasaje.

Hice parte de la aristocracia de gallinero de los cinemas paradiso de barrio.

Como soy un hombre de suerte, nunca me cayó encima un suicida de los que se arrojaban del Palacio Nacional cuando iba a montar en la escalera eléctrica del Caravana.

Nunca aprendí a manejar carro ni a cocinar. Soy enemigo íntimo del wasap.

Confundo el GPS y el Waze con un policía acostado. O con un paso cebra.

Procuro aplicar la divisa del arquitecto brasileño Niemeyer: Trabajar, ser correcto, tener amigos. Y la de su paisano el futbolista Garrincha: Yo vivo la vida, la vida no me vive a mí.

No escribo cuentos ni novelas. Cometo precarios poemas que tengo apuntados en papelitos que utilizo para cuñar mesas cojas en los restaurantes.

Cuando conocí el metro en Estocolmo le puse la mano. ¡No tengo fotos del único viaje que hice a París! Viajé colado en primera clase de Lufthansa en un vuelo entre Frankfurt y Bogotá.

En mis recorridos de solitario suelo encontrarme con el mendigo más feliz que conozco. Me mira como si el pobre fuera yo, lo que me exonera de redistribuir con él mis ingresos.

Aunque no lo crea mi colega el gobernador Luis Pérez, quien dilapida el Escudo, tengo un amigo que es “coach ontológico, entrenador transformacional y corporativo”. (Somos colegas en el mundillo blanco y negro del ajedrez).

Antes que Maluma y J. Balbin, próximo condecorado, cantaba música gregoriana en la Schola Cantorum del seminario.

A diferencia del presidente Bush puedo ver televisión y respirar al mismo tiempo. Bush se atragantó comiendo galletas cuando veía películas del oeste. Lo salvó su perro Barney que alertó a los mastines de la CIA.

Soy egresado de la Escuela José Eusebio Caro, de Aranjuez, aunque debo química, física y trigonometría de sexto que “estudié” en el Colombiano de Educación.

Mis platos favoritos son el arroz con huevo, el huevo con arroz, las migas y la carne molida, o en punticos, como la bautizó un niño.

Aprendí a escribir a máquina con todos mis dedos. Trasteé esta destreza al computador. No hay un solo dedo vago en mis manos.

Me perdí de ser el inventor de las selfis con lo pilao que es estirar la mano y retratarse uno mismo.

Soy de los que piensa que más vale ateo manso en mano que cien exprocuradores católicos volando.

Por todo lo anterior, Escudo, ven, no tardes tanto.

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