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Publicado el 16 de abril de 2018

Besos

Es inútil buscar una confirmación sobre el primer beso de la historia. Como el mismo amor el acto de besar tiene un origen misterioso. Parte mito, parte antropología, cada quien le atribuye un comienzo que es parte ciencia, parte magia, parte zoología, pero que al final es casi al cien por ciento poesía. ¿Por qué besamos? ¿Por qué dice tanto ese extraño acto de fruncir los labios, emitir un sonido o de pegarlo a la mano lanzándolo al aire? O incluso el que va más allá, el que es lengua y dientes, humedad, hasta uñas, pelo. El que recorre, el que explora, el que dice. Un beso es un acto de expresión, es una confesión, una declaración. Un beso es apuesta y entrega. Es quizás hasta más íntimo que cualquier otro acto relacionado con el amor.

Un beso inicia una historia de amor, la termina y a veces la traiciona. La condena. Pero los besos siempre la mantienen. Un amor sin besos es un desierto. Una vida sin besos es una vida perdida. Es una condena al silencio. Aquello que no dicen las palabras lo puede decir la música, pero hay un lugar más al fondo, en el que no caben ni sílabas, ni notas, es el lugar de las bocas. Eso que se dice cuando uno se besa. Ese lenguaje abstracto, íntimo, sólo descifrable por los dos que besan es el más profundo que hayamos inventado.

La madre da la bienvenida al mundo con un beso. Un beso muy distinto del que abrió la puerta para formar esa vida recién estrenada. Esos son besos desde el pecho, de un amor incondicional, en bruto, en su esencia más pura. Amor del que necesitamos para siempre. Del que nos mantiene en las peores horas. Ese amor que quien no llega a tenerlo es alguien condenado a una vida astillada. Dicen que es malo gritar a los hijos, pero es peor no besarlos. Besar mejillas, ojos, manos, que sepan que ahí en ese corazón hay una fuente inagotable.

Hay besos que despiertan. De esos besos de cuentos de hadas. Mágicos, míticos. De brillo, de resurrección. Son besos de amor, pero no necesariamente de sexo. El amor necesita al sexo, pero no es solo sexo. También necesita de esa suavidad, de esa ternura, de esa seguridad que se da en lo más hondo del corazón. Lugares que conocen aquellos que aman con total desinterés, sin miedo, son amores de esos que lo pueden todo, que lo abarcan todo. Amor de cuento, casi irreal, que se da muy pocas veces y que solo entiende el que lo ha vivido. Amor que se padece.

Hay besos de traición. Besos que se dan para perfeccionar una mentira. Besos de compromiso. De lástima. Besos plásticos y forzados. Hay besos que son parte de una infamia, que van a lo opuesto del amor. Besos de miedo. Oscuros, inmersos en las tinieblas.

Los finales, las despedidas, también se marcan con besos. Hay besos que son ruido de dolor. Besos que galopan lugares despoblados del alma. Besos que no suenan, que están hechos de silencio.

En cambio los besos de amor son parte de un ritual, una ceremonia. Llegar a besar a alguien que se desea es el fin de una etapa. Un beso tiene que alterar el ritmo del corazón. Incluso a veces afectar el eje de la tierra. Besar para vivir, vivir para besar.

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