The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 20 de marzo de 2017

CERVEZA VERDE Y RANCIA HIPOCRESÍA

Por FINTAN O’TOOLE
redaccion@elcolombiano.com.co

¿La cerveza verde sabe mejor envenenada con hipocresía? El trébol huele más dulce perfumado con la amnesia histórica?

Es posible que estemos a punto de descubrirlo, porque el jamboree del Día de San Patricio de este año en la Casa Blanca será una celebración impresionante de doble moral y el olvido intencional del pasado reciente de Estados Unidos. Incluso según los torcidos estándares de la administración Trump, la desconexión es surrealista: el presidente saluda el legado de una ola de inmigrantes incluso cuando despliega contra otros inmigrantes las mismas calumnias que una vez se apilaron sobre los irlandeses.

Entre la tormenta de órdenes ejecutivas, fue fácil ignorar una proclamación declarada por el presidente Trump el primero de marzo. El presidente declaró este como el mes del Patrimonio Cultural Irlandés-Americano e hizo un llamado para que “todos los americanos celebren los logros y contribuciones de los irlandés-americanos a nuestra nación con ceremonias, actividades y programas apropiados”.

La proclamación elogió a los irlandeses por “superar la pobreza y la discriminación e inspirar a los estadounidenses de todas las clases sociales con su espíritu indomable y emprendedor”. Trump alabó a estos pobres y despreciados extranjeros como los antepasados de “los más de 35 millones de estadounidenses de ascendencia irlandesa quienes a diario contribuyen a todas las facetas de la vida en los Estados Unidos”.

A los irlandeses les encanta escuchar lo grandes que son tanto como a cualquier otro, pero como irlandés, encuentro esto desconcertante. Es como tener tu castidad elogiada por un guardián de burdel o tu templanza elogiada por un marinero borracho. Todo sería gracioso si no planteara esta incómoda pregunta: ¿Es correcto aplaudir el legado de la inmigración masiva de Irlanda porque los irlandeses son blancos y cristianos?

La pregunta es especialmente pertinente porque tantas de las personas quienes han trazado, defendido y tratado de implementar la política de Trump de identificar a las comunidades de inmigrantes con la criminalidad y el terrorismo son ellos mismos irlandés-americanos.

El secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, al anunciar en enero que su jefe continuaría con la tradición de aceptar un recipiente de tréboles por parte del primer ministro irlandés el 17 de marzo, le dijo a periodistas que la reunión del Día de San Patricio es “un asunto que es muy especial para mí” por sus raíces irlandesas.

Los inmigrantes católico irlandeses que llegaron a las costas de los Estados Unidos después de la gran hambruna de la década de 1840 fueron tal vez el grupo nacional más menesteroso que jamás ha llegado a las costas americanas.

No eran el inmigrante ideal de nadie. La típica llegada irlandesa católica a Nueva York o Boston era un campesino con poca educación formal y pocos recursos materiales. Peor aún, estas personas eran extraterrestres religiosos: las hordas papistas que amenazaban con hundir la civilización protestante y, en su ignorancia y superstición, subvertir los valores democráticos estadounidenses.

Las personas que rodean a Trump seguramente saben esta historia, sin embargo actúan como si fueran los descendientes no de estos pobres inmigrantes sino de los nativistas americanos y los ignorantes que los rechazaron.

En la era Trump, hay dos maneras de honrar a los irlandeses en Estados Unidos. Una es indiscutiblemente racista, dependiendo de una suposición tácita que indica que los irlandeses son diferentes de, por ejemplo, los inmigrantes de Latinoamérica de hoy. Cuál es esa distinción? Es simplemente que los irlandeses eran blancos y eso les dio el derecho a estar en los Estados Unidos.

Nosotros, los irlandeses, no somos ignorantes. Sabemos algo importante: lo que es ser temido, ser discriminado, ser estereotipado. Sabemos por nuestra historia familiar que la histeria antiinmigrante está fundada en mentiras y que con el tiempo esas mentiras son expuestas. El extranjero de ayer es compañero de trabajo de hoy; el paria de ayer es el patriota de hoy.

El Día de San Patricio siempre está en peligro de hundirse en cerveza y sentimentalismo, pero Trump y su círculo interior de irlandés americanos le han dado una gravedad y seriedad renovadas

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