The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 16 de abril de 2018

CHINA LLENA EL ASIENTO VACÍO DE TRUMP EN LA CUMBRE

Por Alfonso Serrano

El vicepresidente Mike Pence podría estar ocupando el lugar del presidente Trump en la Cumbre de las Américas en Lima, Perú, el viernes, pero el vacío dejado por la retirada firme de Estados Unidos de la región fue ocupado, mucho antes, por China.

América Latina ahora es el segundo mayor destino para la inversión china, después de Asia. China es el principal socio comercial para tres de las economías más grandes de Latinoamérica: Brasil, Chile y Perú. La influencia china es evidente a través de la región, desde la construcción de autopistas en Ecuador hasta proyectos de puertos en Panamá y un cable de fibra óptica que va de Chile a China.

El suave poder de China es tal vez más visible en el extremo sur de Argentina, en la provincia de Santa Cruz. Este impecable terreno de la Patagonia, hogar de lagos glaciares y uno de los últimos ríos de flujo libre de Argentina, también se ha convertido en el hogar de excavadoras y grúas fabricadas por Shantui, el gigante de la construcción chino. Las máquinas están excavando el área alrededor del río Santa Cruz para construir dos hidroeléctricas, financiadas por US$4,7 mil millones del Banco de Desarrollo de China y construidas por el Grupo China Gezhouba con socios de Argentina. Cuando estén terminadas, las represas inundarán 116.000 acres, generando el 5 % de las necesidades energéticas del país y aproximadamente 5.000 empleos locales.

El proyecto Santa Cruz es sólo uno de los compromisos por valor de US$141 mil millones que ha hecho China con América Latina entre 2005 y 2016. Los préstamos de China ahora sobrepasan los préstamos del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Mientras que Estados Unidos se ha estado retirando de sus vecinos del sur durante años, Trump ha agregado abierta hostilidad al abandono. Cinco meses después de asumir el cargo, revirtió las propuestas históricas de Barack Obama hacia Cuba y frenó los lazos comerciales de Estados Unidos con el país, una movida que se percibió como potencialmente devastadora para el sector privado de la isla. Las amenazas de acabar con el TLCAN, recortar la ayuda a Honduras y Colombia y militarizar la frontera de Estados Unidos con México han resaltado el desprecio de Trump.

El mensaje no se ha perdido con Latinoamérica, y sobresale más que cualquier cosa que Pence pueda decir en Lima, donde se esperaba que argumente que Estados Unidos, y no China, es el socio comercial preferido de América Latina.

La influencia de Estados Unidos en la región persiste, claro. Estados Unidos sigue siendo el socio comercial más grande de América Latina. A pesar de la inclinación hacia China, ciertos países han resistido su dominio, desconfiados de la sed de China por materia prima y sus relajados estándares ambientales. El presidente Mauricio Macri de Argentina, rompiendo con su predecesor, ha buscado lazos más cálidos con Occidente. Y por fuerte que sea la retórica xenófoba de Trump, América Latina está íntimamente ligada a Estados Unidos por la inmigración. Las remesas de los estados hacia la región ascendieron a US$74 mil millones en 2016.

No es demasiado tarde para que Pence fortalezca esos lazos. Podría escuchar las preocupaciones de los líderes paro-empresariales, como Macri y el presidente Sebastián Piñera de Chile, quienes pueden solicitar un regreso a políticas comerciales más abiertas. Él puede poner algo concreto detrás de la aparente voluntad de Trump de volver a entrar en la Asociación Transpacífico, un acuerdo que incluye a tres países latinoamericanos y sirve como una contramedida para China. Podría indicar la disponibilidad de la administración para poner fin a la prohibición de las transacciones comerciales estadounidenses con el grupo dirigido por el gobierno que supervisa la economía cubana. Esa política, criticada incluso por los republicanos, es probable que perjudique más a los cubanos promedio que el círculo interno del liderazgo cubano.

Es un buen momento para unos cuantos gestos amistosos. Algunas de los megaproyectos más ostentosos de China, incluido un ferrocarril transcontinental de Brasil a Perú, un tren de alta velocidad en México y un proyecto de un canal interoceánico en Nicaragua, han tenido problemas. Alemania ya se ha convertido en un inversor potencial en el ferrocarril estancado Brasil-Perú.

Mientras tanto, firmas chinas han comenzado a expandirse hacia sectores distintos de los recursos naturales y el transporte, en particular hacia proyectos de infraestructura energética en Chile, Argentina y Ecuador, mientras que China cumple con la promesa de Xi Jinping de entregar US$250 mil millones en inversión directa y US$500 mil millones en comercio bilateral de aquí al 2025.

Xi ha respaldado esa elevada promesa visitando a Latinoamérica tres veces en sus primeros tres años en el cargo. El presidente chino no tiene un asiento en la mesa de la Cumbre de las Américas, pero realmente no necesita uno.

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