The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 12 de noviembre de 2018

Contra las grandes petroleras en las elecciones de mitad de término

Por Bill McKibben
redaccion@elcolombiano.com.co

Las victorias en las elecciones de mitad de término fueron reales y dulces para los ambientalistas y progresistas: Habrá al menos 119 mujeres en el Congreso, y por primera vez sus filas incluirán una musulmana (en realidad dos) y una nativa americana (al menos dos). Algunos de estos candidatos estaban hablando sobre un Nuevo Acuerdo Verde, como el que fue presentado por quien pronto será la congresista más joven, Alexandria Ocasio-Cortez, que reduciría el uso de combustible fósil de la nación mientras prepara al país para el cambio climático. El hecho de que los demócratas ahora controlan a una de las cámaras del Congreso significa que saqueo de las regulaciones ambientales por parte del presidente Donald Trump seguirá adelante bajo la lupa de la investigación. Media docena de nuevos estados ahora tienen gobernadores y legisladores dispuestos a considerar el recorte significativo de las emisiones de efecto de gas invernadero.

Sin embargo, confieso que salí del 6 de noviembre sintiéndome inseguro de que realmente existe el espacio político para hacer lo que se necesita en el tiempo que nos queda. El mes pasado, el Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático dijo que teníamos quizás una docena de años para cambiar el planeta reduciendo sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero.

No es que no veremos cambio real eventualmente. El nuevo gobernador de Colorado, por ejemplo, anunció las metas más ambiciosas en el país para convertir a 100% energía renovable para el 2040. Eso es maravilloso, pero también es en un estado, y aún lento, al menos cuando se compara con la planificación descrita por el panel climático de las Naciones Unidas.

La nueva jefa del Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de la Cámara, probablemente sea Eddie Bernice Johnson, una mujer negra que, y esto es un gran cambio, cree en la ciencia. Eso también es maravilloso, pero la nueva legislación que está surgiendo de la Cámara tendría que pasar de alguna manera por el Senado, que se volvió más rojo el 6 de noviembre, y por medio del presidente, y de alguna manera tendría que sobrevivir a la revisión de los tribunales, que el presidente puede seguir llenando con ideólogos de derecha dura.

Y, lo que es más devastador, en aquellos lugares donde los activistas intentaron tomar el asunto por sus propios medios y aprobar cambios serios, el poder del dinero de las grandes petroleras los aplastó.

No encuentro palabras suficientes para elogiar a los activistas en el estado de Washington que trabajaron para obtener un impuesto al carbono en la boleta electoral, o los de Colorado que lucharon con sus corazones por los modestos retrasos para nuevos proyectos de petróleo y gas, incluidos los pozos de fracking, para que los martillos percutores no se erigieran sobre las casas de las personas. En ambos casos, los primeros sondeos mostraron una ventaja sustancial para las propuestas. Demonios, ese conocido radical, Bill Gates, estaba a favor del impuesto al carbono de Washington. Pero entonces las grandes petroleras simplemente abrumaron los esfuerzos con dinero.

Los gastos en la iniciativa de Washington rompieron todos los récords en el estado. En Colorado los gastos superaron a los activistas 40-1. Cada vez que encendía la televisión en esos estados, un comercial advertía que estas medidas destruirían la economía. Incluso cuando las campañas climáticas estaban bien financiadas (el multimillonario Tom Steyer gastó al menos US$17 millones en un esfuerzo por más energía renovable en Arizona), la industria gastó sustancialmente más, y ese gasto fue suficiente para derrotar el cambio. En la mayoría de los lugares, sin embargo, el dinero estaba virtualmente todo en un solo lado, y había demasiado. El condado de San Luis Obispo en California tiene menos de 200.000 votantes registrados. Sin embargo la industria petrolera gastó más de US$8 millones para derrotar la prohibición al fracking.

Un mensaje está claro. Junto con trabajar duro en estados desde Maine hasta Nuevo México, donde el progreso es mucho más posible después de las ganancias legislativas del 6 de noviembre, los ambientalistas se tendrán que ingeniar la manera de enfocarse en la misma industria de combustible fósil, para ver si de alguna manera su poder político puede romperse.

Algo de eso ya está en marcha. Un movimiento de desinversión que he ayudado a dirigir ha crecido rápido, con donaciones y carteras financieras por valor de 6 billones de dólares. Pero esos esfuerzos deben seguir creciendo, para pedir cuentas a los bancos y compañías de seguros que financian las inversiones en carbón, petróleo y gas que la ciencia nos dice que ya no podemos permitirnos hacer. Teóricamente los inversores pueden moverse más ágilmente que los políticos, por lo que tiene sentido presionarlos, incluso mientras seguimos trabajando para una realineación política.

Cada ciclo electoral trae victorias y pérdidas. Pero cada ciclo electoral también nos lleva dos años más por el camino del cambio climático irrevocable. Es por eso que incluso un resultado mixto puede parecer dañino.

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