Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 27 de febrero de 2018

Del renacuajo al sapo

Recuerdo que, en plena algidez del proceso de paz, la revista The Economist afirmó que las Farc tendrían más de $10.000 millones en bienes. Esos ingresos eran atribuidos a lindas prácticas como el narcotráfico, la extorsión, el secuestro y la minería ilegal. Obviamente, nunca reconocieron semejante suma. Por el contrario, siempre han argumentado que no tenían ingresos y que lo que conseguían se iba a su balance como “gastos operativos” para mantener a su ejército, porque sostener una guerra siempre sería caro.

Sin embargo, vivíamos en esperanza de paz y ellos, muy voluntariosos, se comprometieron a entregar bienes para reparar a las víctimas (en realidad, era una obligación para acceder a la Justicia Especial). En agosto del año pasado, entregaron una lista de bienes. No todo fue tan bonito como pintaba. El fiscal Néstor Humberto Martínez dijo que la lista era “inútil e improcedente”. Tenía la razón: entregaron, entre otros, un montón de vacas regadas por los campos. Júntelas, pues, si es tan verraco; reportaron propiedades baldías imposibles de registrar, y solo 49 vehículos con placas, los mismos que supuestamente movilizaron a 7.000 guerrilleros. Para ajustar, entregaron bienes de “suma importancia” como traperos y exprimidores de limones y naranjas.

En un país tan polarizado, muchos vieron eso como una burla. Con razón, por aquella época alguien me dijo: ¿qué sentirá una madre de una víctima al ver un exprimidor en el mercado?

Ahora, como este país tiene memoria de pollo, el tema quedó ahí y nos distrajimos con otros asuntos. Que el referendo, que la clasificación de la selección Colombia a Rusia. Al final, las Farc se convirtieron en partido político, sus jefes aspiran hasta a la Presidencia, el Estado les sostiene, y del tema de los bienes... ¿cuáles bienes? En otras palabras, la deglución de un sapo terminó siendo la de un simple renacuajillo.

Pero, como dicen las tías, entre la tierra y el cielo nada se esconde. La semana pasada la Fiscalía expropió los supermercados Supercundi, Merkandrea y Mercafusa, localizados en Cundinamarca, Tolima y Quindío. Según el ente acusador, servían para que las Farc lavaran activos por el orden de $650.000 millones. ¿No pues que todo estaba entregado? De llegar a ser verdad, esto denotaría un cinismo bárbaro, porque ese renacuajo del momento habría hecho metamorfosis para convertirse en un sapote y ¡qué sapote! ¿Será que esto traerá alguna consecuencia y que alguno de los conversos hoy en políticos, perderá los beneficios de la Jurisdicción Especial para la Paz por no haber dicho la verdad? Creo conocer la respuesta: empieza por N y termina en O. Si la historia pega para otro lado, ojalá no se les olvide una cosa. Hay un solo dueño de ese montón de plata: las víctimas.

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