P.D. Mario Franco
Columnista

P.D. Mario Franco

Publicado el 15 de enero de 2018

DIOS SIGUE LLAMANDO

Comienza un nuevo año y nos disponemos a retomar nuestra vida ordinaria. En ese contexto las lecturas de este domingo nos invitan y convocan a un diálogo interior con Dios en Jesús, como narra el evangelio, que nos permite re-plantear el sentido de nuestra existencia para orientarlo no solo a lo que nos gusta, sino a lo que nos permite crear nuevas condiciones a la vida como vocación, como servicio.

No queremos volver, sobre lo mismo: lo que opinamos de Dios porque lo escuchamos de otros, reduciendo el sentido último de nuestra vida a un conocimiento teórico. El Testimonio de otros es una valiosa ayuda, al volverlo real para nosotros a partir de una experiencia interior-personal, del encuentro con Dios. El cristianismo hoy, no será nuevo y distinto por una mayor y más exacta información religiosa y cultural, cuanto por un contacto personal y directo con una persona: Jesucristo, quien realmente llama y convoca.

Recordemos la reciente visita del Papa Francisco a Colombia, cuando reunido con sacerdotes y religiosos en Medellín, hablando de la vocación, decía que todas aquellas afirmaciones de escasez de vocaciones hoy, eran cuentos chinos. Entendiendo sabiamente estas palabras podríamos afirmar que tenía razón. Dios siempre llama, sigue llamando a todo hombre a la vida, la existencia, para realizarla como misión específica en favor de los demás: la comunidad y la sociedad. Toda vocación, es un llamado de alguien y, por supuesto, de Dios. Siendo un llamado requiere ser escuchado, una respuesta. Quizá acá está la clave de lo que sucede hoy con las vocaciones. Vivimos en un mundo que se quedó sin capacidad de escucha. Un mundo con pleno manejo de todos los lenguajes, que solo habla para ignorar, desconocer..., no escuchar.

En realidad, Dios sigue llamando, siempre lo hace, máxime en estos momentos de nuestra agitada y ruidosa historia. Pero hemos olvidado e ignorado la necesidad de Escuchar.

Tenemos un mundo que sabe hablar, pero no sabe callar. Callar y escuchar no se perciben como un don, se asumen como problema. Pareciera que quien tiene que escuchar a otro, estuviera por debajo de él en dignidad; debe ser una persona sometida a un régimen, un trabajo o a relaciones de dependencia, en las que escuchar supone estar dominado, ser menos. Curiosamente esto es parecido a otras peculiaridades de nuestro mundo hoy. Un mundo que solo reconoce “derechos” y los reclama, pero no acepta ni quiere reconocer ningún deber o responsabilidad. Algo parecido a lo que sucedía con el joven Samuel que no escuchaba bien y no reconocía, acertadamente, quién le estaba llamando.

Vocaciones y llamados siguen presentes en el mundo, nos aseguraba el Papa; lo que ha desaparecido de en medio de nosotros, es la capacidad y el deseo de escuchar, responder. Esta es la clave de una verdadera vocación, la posibilidad única, de reorientar nuestra vida hacia mayores dimensiones de sentido y servicio que hemos perdido y abandonado. Dios sigue llamando.

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