Marta Lucía Ramírez
Columnista

Marta Lucía Ramírez

Publicado el 12 de octubre de 2017

El diablo entra por el bolsillo y en efectivo

Hace unas semanas estuvo el Papa Francisco en Colombia con un mensaje que, sin duda, dejará profunda huella en el alma de los colombianos. Durante su visita, dejó muchas frases que pasarán a la historia, pero hay una que fue la que más llamó la atención: “el diablo entra por el bolsillo”. Este ha sido resaltado por los analistas como un llamado a mantener los pies en la tierra a representantes de la Iglesia y a los religiosos y no dejarse llevar por los intereses económicos. Sin embargo, creo que debe ser una llamada a todo el país, a sus dirigentes recientes y a los políticos que no se han dedicado a servir a la patria, sino a sus propios intereses.

Si bien la frase del Papa tiene todo el sentido para el caso colombiano, vale la pena una cualificación, sobre una característica presente cuando en Colombia se cometen actos ilegales, alejados de la ética, o violatorios de las normas elementales de la sociedad: se usa el efectivo. En estos días está de moda hablar de cómo ha carcomido la corrupción al país y en numerosas ocasiones, personas como Juan Ricardo Ortega, que tuvo una amarga experiencia en la DIAN, ha señalado que dichos actos están plenamente relacionados con la forma como los políticos llegan al poder: comprando los votos. Precisamente, el elemento común entre los actos de corrupción y la compra de votos en Colombia es el efectivo, estas transacciones no se hacen a través del sistema financiero u operaciones supervisadas por la Superintendencia Financiera.

Es por lo anterior que el país debe combatir el uso del efectivo, promover las estrategias que sean necesarias, tales como el fomento y promoción de la bancarización e incluso el uso de las monedas virtuales, por supuesto apelando a elementos de trazabilidad. En esta línea, el país no debe desconocer que el 90 % de las transacciones en Colombia se hacen en efectivo, tal como lo señalan cálculos del Banco de la República, y debe diseñar políticas económicas que disminuyan el uso de efectivo en el corto plazo en la sociedad colombiana.

Si bien instituciones como ANIF han señalado recientemente los perversos efectos que tienen el sobreuso del efectivo en la economía colombiana y en años anteriores, personas como Santiago Perdomo, cuando era Presidente de la Junta Directiva de Asobancaria, siendo un abanderado de la discusión del tema, parece que al gobierno actual no le interesó resolverlo. De hecho, el gobierno Santos incluyó como objetivo en el Plan de Desarrollo (PND) 2014 – 2018 disminuir el indicador de uso de efectivo, medido como la relación entre efectivo y el indicador monetario M2, hasta niveles cercanos al 8,5 % en 2018, el gobierno no cumplirá esta meta, ya que dicho indicador está por encima del 12 %.

Sin embargo, esa no ha sido la única promesa que el gobierno no le ha cumplido en materia económica al pueblo colombiano, de hecho, en la materia específica del uso del efectivo, a pesar de haber prometido discutir la claramente nociva forma de recaudo tributario a través del gravamen financiero del 4 por mil, al final tampoco la eliminó, seguramente porque la necesitaba para continuar con el gasto desbordado que ha caracterizado su administración.

El sobreuso del efectivo es el caldo de cultivo para la ilegalidad, compra de votos y actos de corrupción, por eso el país debe combatirlo. Pero aún más, el sobreuso del efectivo fomenta la evasión de impuestos y promueve la informalidad empresarial y laboral. Propongo que se eliminen impuestos como el 4 por mil, lo cual incentivará el uso del sistema financiero y finalmente redundará en menor uso de efectivo. Si bien, en un país con anemia económica, como nos ha dejado este gobierno, las fuentes de recursos públicos son muy importantes, se deben aplicar fórmulas que mantengan el nivel de recaudo tributario sin promover cosas indeseables como el uso del efectivo. ¿Por qué no cobrar el 4 por mil sólo en el retiro de efectivo y dejarlo de cobrar en las consignaciones? Esto mantendría el tributo sin fomentar el perverso uso de efectivo y todo lo que el diablo trae con él.

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