Ana Cristina Aristizábal Uribe
Columnista

Ana Cristina Aristizábal Uribe

Publicado el 03 de julio de 2018

El ejemplo

Escena cotidiana: calle congestionada de la ciudad, salida de un colegio, semáforo peatonal en rojo y semáforo vehicular en verde. Un carro se aproxima a unos 60 metros y tiene la vía, porque su semáforo está en verde; el conductor sabe que es zona escolar pero la norma le está dando el turno; pero la madre, el padre (o adulto encargado), toman al hijo(a) con fuerza de la mano y cruza corriendo, antes de que el carro los pueda atropellar. Con toda seguridad que durante todo el año el colegio viene enseñándole a ese pequeño(a) el cumplimiento de la norma. Pero cada que sale del colegio, se repite la misma escena ¿Qué cree usted que está asimilando esa niña(o) en ese momento? A quién le creerá más: ¿al profe que le dice una cosa o a la mamá/papá/adulto que en la vida cotidiana le muestra otra?

(Y esta misma actuación llévela a la familia que va en carro y la mamá/papá/adulto acelera para cruzar el semáforo en rojo).

Es improbable que el sistema educativo sea capaz de enderezar la torcida enseñanza de convivencia social que un niño recibe en el hogar. Por más que el colegio se esfuerce, los de la casa tienen mucha más influencia en esa personita en formación. Y si ese adulto responde con cuatro madrazos cuando es reprendido por otro adulto, ¿qué cree que le está enseñando a ese menor? Por eso tenemos hoy tantos adultos incapaces de reconocer y aceptar su responsabilidad cuando actúan mal y siempre están señalando a otros como culpables (con el descaro, además, de enfurecerse como lo vieron hacer a los mayores).

Parte de la madurez humana (incluso la madurez emocional) consiste en aceptar y enmendar los propios errores (intencionales o no). Lastimosamente este ambiente de mentiras, falsedad y apariencia, ha generado una sociedad adulta pero infantil, que trasmite de generación en generación la incapacidad de responsabilizarse de sus propios errores.

Si pretendemos tener una sociedad que funcione, acatar las normas de convivencia social es un asunto de obligación. Si alguien no está de acuerdo con las normas de su ciudad, está en todo su derecho y libertad de buscar una sociedad que se adapte a sus propios intereses. Vivir en las ciudades trae muchas ventajas, pero esas ventajas se disfrutan a cambio de aceptar las normas de convivencia social que ella exige.

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 1

    Aplausos y pitos

    $titulo

    TIGER WOODS
    Tras cinco años de problemas y lesiones, ganó el torneo final de la PGA y volvió a los primeros lugares del golf.

    $titulo

    D. I. MEDELLÍN Y ATL. NACIONAL
    Los equipos paisas van de mal en peor. Fútbol pobre, pérdida de puntos y su clasificación a finales comprometida.