The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 30 de enero de 2018

EL MITO DE EJECUCIÓN FRONTERIZA DE INMIGRACIÓN

El Congreso tiene un mes más antes de que el Programa de Acción Diferida para Llegadas en la Infancia (Daca por sus siglas en inglés), el programa de la era de Obama (y el cual el presidente Trump terminó en septiembre), llegue oficialmente a su fin. Falta por ver si el Congreso va a legalizar a estos “Soñadores”, y qué concesiones se harán a cambio. Pero esto es cierto: cualquier acuerdo incluirá apropiaciones para un aumento en la protección de la frontera.

Hemos estado aquí antes. El último gran proyecto de reforma de inmigración, el Acta de Reforma y Control de Inmigración de 1986, el cual fue firmado por el presidente Ronald Reagan, legalizó a casi 3 millones de inmigrantes indocumentados a cambio de seguridad aumentada a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos. La ley era más que sólo un compromiso entre liberales a favor de inmigrantes y conservadores a favor de la aplicación. Incorporaba la idea de que podíamos “limpiar la pizarra” al legalizar a los indocumentados que ya estaban aquí y evitar futuras entradas no autorizadas.

Esta idea, que sigue moldeando el debate nacional sobre la inmigración, está basada en la falsa premisa de que las fronteras de la nación pueden ser impregnables. En verdad, la inmigración indocumentada no es una aberración de la inmigración “normal” Es el resultado inevitable de cualquier política general de restricción de inmigración. La restricción crea dos corrientes de inmigración, legal e ilegal. Es una presunción del poder soberano pensar que sólo puede tener inmigración legal.

La historia de la inmigración en los Estados Unidos demuestra esto. Las leyes de exclusión chinas de finales del siglo XIX dieron lugar a la entrada ilegal de los llamados hijos de papel (los nacidos en China que afirmaban que eran hijos de ciudadanos estadounidenses) y generaron una burocracia migratoria basada en la investigación, detenciones y deportaciones extremas, todas tácticas que fueron en gran parte fracasados.

La Ley de Orígenes Nacionales de 1924 redujo la inmigración general al 15 por ciento de los niveles previos a la Primera Guerra Mundial, estableciendo cuotas que discriminaban a los europeos del sur y del este. También creó la Patrulla Fronteriza. El resultado fue hacer de la migración indocumentada un fenómeno masivo.

El Acta de Inmigración y Nacionalidad de 1965 mantuvo un techo bajo para la inmigración pero reemplazó las cuotas racistas con un sistema basado en cuotas iguales para todos los países y preferencias para familiares.

La ley de 1986, con sus provisiones para la legalización y aumento de la protección fronteriza, tenía como meta corregir el problema. Desde entonces, Estados Unidos ha gastado $263 mil millones en la aplicación de la ley de inmigración, gran parte a lo largo de la frontera sur. Estos esfuerzos han reducido, pero no eliminado, la entrada no autorizada. También tuvieron la consecuencia involuntaria de alentar a los inmigrantes indocumentados a permanecer en los Estados Unidos en lugar de arriesgarse a los mayores peligros que se asociaron a la migración estacional.

Más del 80 por ciento de los americanos apoyan la legalización para los indocumentados.

Si hemos de tener restricciones para la inmigración, deberían ser razonables, permitir la unificación familiar, operar en sintonía con el mercado laboral y dar refugio a quienes le están huyendo al desastre y la persecución.

El jueves, oficiales de la Casa Blanca hicieron una propuesta “tómalo o déjalo”, que legalizaría a Soñadores a cambio de financiar el muro, acelerando las deportaciones, eliminando algunas preferencias familiares y deshaciéndose de la lotería de visas de diversidad. El senador Tom Cotton, republicano de Arkansas, ha patrocinado un proyecto de ley aún más restrictivo que reduciría la inmigración legal en un 43 por ciento al eliminar la mayoría de las preferencias familiares.

Cualquier que sea la visión que prevalece, restricciones sobre la inmigración legal resultarán en más inmigración indocumentada desde el sur global

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