The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 16 de septiembre de 2017

El poder de trump para declarar la guerra nuclear

Por J. Bader y J.D. Pollack
redaccion@elcolombiano.com.co

Por primera vez en una generación, hay amplia ansiedad por la posibilidad de una guerra nuclear, estimulada por las extremas tensiones entre Corea del Norte y Estados Unidos. El Secretario de Estado le ha asegurado a los americanos que pueden dormir tranquilos en la noche, una tranquilidad que la mayoría de la gente desearía no tener que escuchar.

Para limitar las posibilidades de un conflicto casi inimaginable, hay necesidad de perseguir un remedio legislativo que ya está retrasado.

El señor Tillerson ofreció su consuelo apaciguador para desinflar el bombo mediático sobre las recientes amenazas y contraamenazas intercambiadas entre Pyongyang y Washington. El Sr. Trump y el Sr. Kim parecen creer que la grandilocuencia sirve a sus necesidades domésticas. Ambos parecen creer que pueden dominar e intimidar por medio de las más nefastas amenazas. Sin embargo las palabras pueden tener consecuencias que ningún líder parece comprender.

Bajo el artículo I de la Constitución, solo el Congreso puede declarar la guerra. Sin embargo las numerosas guerras de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial nunca han buscado tal autorización. ¿La razón principal? Armas nucleares. Hubo un acuerdo generalizado de que el presidente necesitaba la máxima flexibilidad para responder a un ataque soviético y que involucrar al Congreso causaría retrasos indebidos en un momento de crisis. Como resultado, el presidente ha tenido un poder esencialmente descontrolado para hacer la guerra, incluyendo el lanzamiento de un ataque nuclear.

Sin embargo, planeadores estratégicos entendieron los riesgos de permitir que un solo oficial en un silo en Dakota del Norte, tal vez bajo las condiciones más estresantes imaginables, iniciara un ataque nuclear. Por lo tanto, el sistema de mando y control nuclear implicaba un sistema de “dos llaves” que requería acciones simultáneas de dos oficiales para activar un lanzamiento.

Estados Unidos de ninguna manera debería disminuir su habilidad para responder a un ataque nuclear o convencional por parte de Corea del Norte contra el territorio americano o el territorio de un aliado. Sin embargo, debemos poner en efecto un sistema de restricciones para asegurar que un ataque nuclear preventivo por Estados Unidos debe ser evaluado por medio de un proceso cuidadoso y deliberativo.

Por lo tanto el Congreso debe enmendar el Acta de Poderes de Guerra para cubrir la posibilidad de ataques nucleares preventivos. Esto aseguraría que el presidente no pudiera simplemente proporcionar los códigos a su ayudante militar que lleva el “balón” nuclear y lanzar un ataque bajo su propia autoridad.

La legislación debería ofrecer la posibilidad, para un pequeño grupo de funcionarios posiblemente incluyendo al vicepresidente, el secretario de defensa, el presidente del Estado Mayor Conjunto y los cuatro líderes de la Cámara y el Senado, para dar su consentimiento unánime a cualquier ataque nuclear. Se aseguraría de que múltiples conjuntos de ojos, equipados con emociones estables y cerebros sanos, pudieran evitar que tal ataque nuclear se emprendiera sin deliberación.

Esta propuesta generaría preguntas constitucionales difíciles. Todas las presidencias han considerado el Acta de Poderes de Guerra anticonstitucional. Dar a los funcionarios nombrados por el presidente y sujetos a su dirección poder de veto formal sobre las decisiones militares podría ser problemático y sentar precedentes. Si es así, limitar el poder de veto al liderazgo del Congreso podría ser una alternativa preferible.

Incluso durante la Guerra Fría, había gran riesgo al ceder a una persona la habilidad de asesinar a millones en un instante. No hay una buena razón para permitir que un presidente estadounidense mantenga una autoridad absoluta en circunstancias diferentes a las enfrentadas durante la Guerra Fría.

Las garantías de que las armas nucleares siguen siendo una opción de absoluto último recurso, que solo se considerarán después de la concurrencia de dirigentes del Poder Ejecutivo y del Congreso, también calmarían los nervios de los aliados de Estados Unidos muy preocupados por las conversaciones sueltas sobre el recurso de las armas nucleares.

Esto no pretende sugerir que el Presidente Trump contempla un deseo secreto de lanzar un ataque nuclear. Estados Unidos tiene que actuar prudentemente en el manejo de un estado aislado y especialmente adversario. Por su parte, el Congreso tiene el poder de prevenir respuestas apresuradas o acciones impulsivas que podrían resultar en la guerra nuclear.

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