Juan José García Posada
Columnista

Juan José García Posada

Publicado el 19 de junio de 2017

EL regionalismo no es un delito

Por el zarpazo contra la integridad de Antioquia y el revanchismo imperante en las altas esferas estatales parece que ha venido configurándose una suerte de partido o facción política que censura hasta las expresiones más legítimas y razonables del regionalismo y anatematiza a todo aquel que se atreva a manifestar indignación y rabia justas por las acciones marrulleras y mañosas del centralismo.

En Antioquia nadie debe sentir pena de defender la región, porque ahora, como en otros momentos, no faltan los que tratan de taparnos la boca y desconceptuarnos con frases denigrativas, hasta concluir, con ignorancia y mala intención, que no se ha hecho nada por el país y reducir la protesta legítima a un juego de meros intereses subalternos.

Los mentores de esa corriente que niega la evidencia histórica de que el nuestro es un país de regiones y la capital no debería ser más que la región central se arrogan la potestad de ser dueños de la moral y las buenas costumbres, aunque muestran, por el contrario, la amoralidad propia del relativismo axiológico y la antiética del todo vale.

Por su modo de proceder sectario y visceral asumen la forma de religión a la que poco le falta para constituir un tribunal de laica inquisición, listo para condenar a la hoguera a los infieles, a los ciudadanos capaces de dudar, desconfiar y criticar el desgobierno y apartarse de la fuerza unanimista que excluye las opiniones contrarias o diferentes. Desconocen que en el espíritu y el actuar del antioqueño (y dejemos lo del separatismo para otro día) priman la idea y el sentimiento de libertad y la fortaleza para afrontar los desafíos más tenaces.

A los detentadores de ese arbitrario poder moral (detentar es retener o ejercer de modo ilegítimo una función pública) es preciso advertirles que, por ejemplo, cuando por todos los medios a su alcance o sometidos a su jurisdicción descalifican las reacciones de la gente de Antioquia, no sólo por el arrebatamiento de Belén de Bajirá sino por todos los despojos en doscientos años de historia, el regionalismo es factor de progreso parejo de una nación, no es un pecado ni un crimen de lesa patria y es una tendencia global que se basa en la equidad y en el reconocimiento del modo de ser y los derechos de cada región.

Que no se escandalicen porque desde Antioquia se retome la iniciativa de rechazar el centralismo y defender una idea regionalista moderna, apoyada en la pertinencia de invocar los elementos culturales, económicos y políticos distintivos, las tradiciones y los testimonios históricos y el aporte eficiente y evidente a la nación con sus regiones, todas con diferencias y parecidos que deberían unir en lugar de disociar.

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