Juan José García Posada
Columnista

Juan José García Posada

Publicado el 02 de enero de 2018

EL TURISMO AÚN ES UNA AVENTURA

Con todo y los pronósticos optimistas sobre el desarrollo de la llamada industria sin chimeneas, todavía en cada viaje se afronta una aventura, tanto para los visitantes extranjeros como para los que andamos con frecuencia por el interior. La causa principal del deficiente servicio a los turistas es la inexperiencia.

Que el año pasado hayan entrado más de cinco millones de viajeros del exterior es una gran noticia. Pero no había planeación suficiente y apenas están volviendo a despegar las estrategias para programar y organizar una atención adecuada, conectar los circuitos turísticos atractivos, comprometer las autoridades y comunidades locales con esa ambiciosa empresa y proporcionar información oportuna sobre todo lo que implica en ventajas y riesgos recorrer nuestro territorio.

Medellín puede ser una de las excepciones y se notan los avances en dotación de infraestructura hotelera y de otros servicios. La gente no visita la ciudad por simple curiosidad, porque sea una de las más interesantes del mundo por compleja y contrastada. La visita porque no se engaña, se informa de la realidad, conoce y compara las experiencias de otros turistas satisfechos que “atraen más turistas”, etc. Poco a poco va acrecentándose mediante la educación una actitud honrada y respetuosa que proscribe la explotación malévola del turismo.

En estos días de temporada se ha comprobado el incremento del turismo del exterior y del interior: Terminales de buses y aviones repletos de viajeros. Pero a la inexperiencia que ha cogido por sorpresa al país con el aumento de las corrientes turísticas se le suma el retraso en comunicaciones terrestres, fluviales e incluso aéreas. La estupidez y la picardía acabaron con los ferrocarriles y la navegación por el Magdalena y dejaron las carreteras en un subdesarrollo deprimente.

A toda marcha parece que se trabaja para descontar el siglo perdido, con las dobles calzadas. Sin embargo, en estas vías, que ojalá se terminen en el tiempo contratado, los viajeros carecen de información continua, clara y oportuna. Los concesionarios podrían invertir en planes previsivos de comunicaciones con la ayuda de motociclistas que estén indicando por medio de altavoces y volantes los sitios y horarios de cierres y retenciones temporales y las demás condiciones y eventualidades que pueden atravesarse en los recorridos. Por ejemplo, así sería menos insoportable la duplicación a casi diez horas del viaje al Quindío, como si hubiéramos retrocedido medio siglo.

Vivimos en un país maravilloso, biodiverso, de paisajes embrujadores (como el incompleto Paisaje Cultural Cafetero, en el que no cuenta Antioquia), de gente querida y hospitalaria, con un potencial turístico fenomenal. No obstante, falta muchísimo por hacer para alcanzar estándares y caudal de visitantes como los de España y México. Más de cinco millones de turistas por año todavía emprenden una aventura.

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