Humberto Montero
Columnista

Humberto Montero

Publicado el 14 de agosto de 2018

Energías fósiles, sí gracias

Es muy fácil ser solidario con el bolsillo ajeno. Pero, ¡ay amigo!, cuando nos tocan el nuestro, las cosas cambian. Es habitual leer sesudos análisis de expertos «independientes» glosando las bondades de las energías renovables. El problema es que su implantación radical cuesta miles de millones de euros o de dólares, lo mismo da, que pagamos los contribuyentes para que unos cuantos fondos de inversión internacionales se llenen los bolsillos con estas instalaciones que, por cierto, no logran abaratar nuestra factura de la luz.

Como me conocen ustedes y no soy para nada sospechoso de servir a intereses de petroleras, gasísticas o hulleras, sino todo lo contrario, ni tengo más afán que contar las cosas como son, sin temor alguno a la incorrección, déjenme decirles que, por mucho que nos empeñemos, aún no estamos preparados para proveernos sólo de fuentes de generación renovable. Deberían alegrarse, pues Colombia es uno de los grandes exportadores de carbón del mundo, entre otras fuentes fósiles de las que disponen para producir megavatios.

Soy un firme defensor del desarrollo progresivo de las tecnologías renovables y de su entrada en el mix de generación eléctrico, aunque no a cualquier precio. Las energías eólicas, por ejemplo, ofrecen hoy rendimientos altamente competitivos. Como no soy de parloteos, vayan cifras y datos para que estén ustedes bien armados.

En concreto, el coste fijo de la eólica terrestre es de 39 euros el kilovatio, según un reciente informe de la Comisión de expertos en Transición Energética de España. Sin embargo, el de la eólica marina, muy en boga, es de 96 euro+s el kilovatio, más del doble. La fotovoltaica, radiación solar convertida en megavatios, es aún más provechosa, pues su coste fijo ronda los 10 euros el kilovatio. Una ganga, dirán con razón, que oculta una pequeña trampa de la que hablaremos más adelante.

Por su parte, la generación hidroeléctrica, renovable a base de agua, alcanza unos costes fijos de 59 euros el kilovatio ya sea regulable o fluyente. De la tecnología solar termoeléctrica casi mejor ni hablar, pues los costes fijos se van a 125 euros el kilovatio, lastrada por los altísimos costes de inversión, sólo superados por los residuos urbanos y la nuclear.

Veamos ahora el «lado oscuro» de la generación eléctrica. Los ciclos combinados de gas, por ejemplo, tienen un coste fijo de 23 euros el kilovatio, gracias a uno de los costes de inversión más baratos que existen, sólo superado por la fotovoltaica. Pero es que el denostado carbón tiene unos costes fijos de 33 euros el kilovatio, menor que la eólica y dos veces más barato que los de la generación hidroeléctrica. Ahora habrá quien diga que el dinero no lo es todo.

Quienes con tanta ligereza hablan del dinero suelen ser dos tipos de personas: los que nunca pagan nada o los que les sobra. Pero aunque tengan razón, que no es el caso, hay que aclarar que mientras se puede quemar carbón y gas a todas horas (igual que utilizar uranio, por cierto), ni el viento ni el sol pueden rendir a plena potencia.

De hecho, mientras el máximo de producción de las «solares» apenas supera las 2.000 horas anuales y las eólicas van de las 2.800 horas de la terrestre a las 3.500 de la marina, los ciclos combinados de gas, las centrales térmicas de carbón y la nuclear tienen un máximo de generación de 7.000 horas anuales. ¿Qué quiere decir esto? Que el gas y el carbón no sólo son baratos, sino que además generan electricidad cuando nadie más puede hacerlo, por eso se llaman tecnologías de respaldo. En otras palabras: son vitales cuando más falta hace.

Que no les engañen quienes quieren llenarse los bolsillos con las placas solares y los molinos. Aquí nos dejaron una deuda de casi 30.000 millones de euros que aún estamos pagando en un recibo que sigue subiendo. ¿Por qué? Porque a los políticos se les ha ocurrido freírnos con los derechos de emisión de CO2 (que en Europa podrían alcanzar los 30 euros por tonelada) pese a que las tecnologías que los emiten son cruciales. Piensen si no, quien tira de su aire acondicionado cuando el calor cae a plomo. El viento no es .

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