Ernesto Ochoa Moreno
Columnista

Ernesto Ochoa Moreno

Publicado el 17 de junio de 2017

Excesos, el veneno de la razón

Hablaba con el padre Nicanor de excesos y medianías. Fue a raíz de que él me tildó de mediocre y yo, ni corto ni perezoso, me atreví a revirar con una alusión a la “aurea mediocritas”.

-Tú, sobrino impertinente, te sacas latinajos de la manga para tentarme. Pero tu mediocridad y la de muchos de tu generación no son precisamente la virtud de la moderación, del término medio, del equilibrio entre dos extremos a la que hace alusión Horacio con su “dorada mediocridad”.

-De todas manera, tío, calificar a alguien de mediocre no deja de ser un insulto, más que un regaño.

-Para tu consuelo, muchacho, entre los latinos la palabra mediocridad tenía un sentido positivo, insinuando moderación, término medio, equidistancia entre dos extremos. De allí la “dorada medianía” de Horacio. Creo que fue fray Luis de León quien tradujo mediocridad por medianía.

-Apuesto, padre, que a usted ya se le olvidó ese verso de Horacio.

-No me tientes, jovencito, que el Alzehimer antes ayuda a recuperar recuerdos de la juventud que se creían perdidos. Y aunque yo sé que a los lectores de un periódico, y más en una columna de opinión, les incomodan los latines, ahí va el verso de la Oda a Licinio del gran Horacio: “Auream quisquis mediocritatem diligit...”

-Ya, ya, padre, que a usted el saborcito del latín lo lleva a desbordarse en pláticas y sermones. Recuerdo una vez en que usted me habló también del “nada demasiado” de Séneca.

-Claro. El “nihil nimis”, que es el mismo “nada en demasía” de los griegos y que santo Tomás de Aquino, bebiendo en Aristóteles, nos va a plantear en cristiano como “in medio virtus”, o sea, “la virtud está en el medio”.

-La virtud como término medio entre el exceso y el defecto. Los estoicos van a relacionar ese estar en el medio con la rectitud, y entonces la virtud sería el camino recto, sin torcerse hacia la derecha o hacia la izquierda, es decir, sin pecar por exceso o por defecto.

-Me suena eso de no torcerse ni a la derecha ni a la izquierda. ¿Le está poniendo un toquecito político a su sermón? Ustedes, los curas, son a veces maliciosos.

-Tómalo como quieras, hijo mío. Yo sí creo que la política es un juego inescrupuloso de excesos y demasías. Desde la derecha, desde la izquierda, aun en un centro mentiroso, por más que tanto el centro como la izquierda y la derecha se ufanen de democráticos. La polarización que estamos viviendo en Colombia, de la que nadie se salva, se curaría con la moderación de los griegos, con la “mediocridad de oro” de los latinos.

-Gracias, padre Nicanor. Y para rematar, si me lo permite (porque aquí el que sabe de citas es usted), la frase de Quevedo: “El exceso es el veneno de la razón”.

-Tú lo has dicho. Borra todo lo anterior y quédate con esa sola frase. Los extremismos, los excesos, nos están envenenando.

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