Juan David Escobar Valencia
Columnista

Juan David Escobar Valencia

Publicado el 20 de marzo de 2017

¿Extinción de los elefantes? Un santo le arregla el problemita

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) advirtió el año pasado que en los últimos 10 años el número de elefantes africanos se ha reducido en un 50 %. Sin duda que es una noticia alarmante, pero por primera vez las noticias que acostumbra a recibir el resto del mundo sobre Colombia: narcotráfico, asaltos, procesos de impunidad disfrazados de paz, corrupción, golpes de Estado a la constitución, leyes habilitantes a presidentes desprestigiados a pesar de colgarse medallas noruegas a buen precio, prácticas electorales como “encochinamiento” a rivales y fondos de campaña “involuntariamente” recibidos sin declarar; podrían ser buenas noticias para la UICN.

Si la UICN necesita repoblar las llanuras africanas de paquidermos vigorosos y alegrones, no es rezándole al dios indio Ganesh, con cuerpo humano y cabeza de elefante, no señores, la solución es pidiéndole ejemplares a un santo. El santo tiene su templo en el llamado “cartucho estrato alto”. Ahí consiguen especímenes que crecen a medida que pasan los días y las declaraciones. Las crías del 2010 ya no están disponibles porque supuestamente “prescribió” su permiso de venta, pero no se preocupen, la camada de 2014, que seguro les dirá que no existe, que él no ha visto, va a salir a la luz, a menos que les saquen los ojos a los colombianos o tengamos otra fiscalía ciega.

Les dirá que no sabe nada de dichos animales, pero los animalitos sí existen y serían tantos que de llevarlos a África, habría que permitir temporadas de caza reguladas para evitar una sobrepoblación de elefantes en el Serengueti. Pero no hay dicha completa. Hay un problemita. A pesar de lo grandes que son, son invisibles.

El dueño del criadero jurará y recontra jurará, como cuando “alguien” dijo que los terroristas de las Farc “nunca” estarían en el Senado ni habría impunidad o habría más impuestos, que él no ha visto ni uno y que si alguno llegó, como le aprendió a otro criador 8.000 veces más experto y sin visa de EE. UU., fue a sus espaldas porque él no tiene ojos en la nuca.

Curioso que se ha pasado casi 8 años mirando para atrás por el retrovisor para culpar de todos los males de su fracasado período a quien engañado lo llevó a vivir a ese edificio, y ahora dice que su espalda no tiene ojos. Que la habilidad para ver lo que pasa detrás de una persona, la mirada occipital o como la llamaban los seudocientíficos europeos del siglo 18 precursores de la hipnosis, visión por el “occipucio”, parte posterior e inferior de la cabeza, es imposible.

¿Hasta qué nivel de desvergüenza van a llegar algunos medios, empresarios, obispos de Colombia y el de Roma, académicos mamertos y politiqueros, que han apoyado a alguien tan indigno? ¿Qué más inmundicias necesitan salir a flote para que dejen de encubrir al más nefasto colombiano que esta sufrida tierra ha parido?.

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