Juan Gómez Martínez
Columnista

Juan Gómez Martínez

Publicado el 14 de septiembre de 2017

Gracias Juanpa

No me cupo en el título la frase como le gusta que le digamos y por esa razón debo excusarme ante Juanpa (como le gusta que le digamos).

Nos visitó el Santo Padre y despejó todas las dudas que se plantearon sobre su presencia en Colombia. El pueblo se volcó a las calles y a los escenarios donde se presentó y donde celebró la Santa Misa. En las cuatro ciudades que visitó planteó temas que nos interesan y se pronunció sobre situaciones que nos agobian, sin tomar partido como muchos pretendían que lo hiciera.

Habló de la necesidad de conseguir la paz para nuestro país. Habló de la necesidad de una verdadera justicia, de la reconciliación, del perdón, de la reparación, temas con los que todos estamos de acuerdo y que tenemos que buscar. No habló de que todo esto se tenía que conseguir con la entrega del país a los violentos, a los cultivadores de coca, a los violadores de niñas, a los secuestradores. Por el contrario, rechazó el comercio y producción de drogas, el lavado del dinero conseguido con el delito del negocio de esas drogas. Como lo dijo nuestro querido arzobispo Ricardo Tobón: “No hemos logrado superar la falsa solución de la violencia”.

Vino a recordarnos los evangelios y el deber de practicar sus enseñanzas. El amor al prójimo, no matar, no hurtar, no mentir, no levantar falsos testimonios y todos aquellos mandatos de la doctrina de Cristo. Estos enunciados nos recuerdan actos condenables pero premiados en nuestro país en manos tan débiles y perversas. Los tres poderes públicos que han perdido el respeto de un pueblo engañado.

Hay que felicitar al pueblo colombiano que mostró su amor por Jesucristo y por su Padre, al salir a las calles a aplaudir a su representante en la tierra. Esta muestra de amor nos permite concluir que no todo está perdido, que todavía hay esperanzas de salir adelante y de recuperar este país de las garras de la corrupción, del engaño y del desgobierno.

Aquí sí cabe decir que nunca antes se había visto en Colombia un ser humano que le llegue a tanta gente. Las calles llenas para verlo pasar. La gente quería verlo y quería recibir la bendición del jerarca de la Iglesia.

La visita al Hogar San José en Medellín nos mostró su amor por la niñez y por los desamparados. A la vez, nos dio a conocer la labor que hace todavía la gente buena en nuestra ciudad y en otros lugares de Colombia, como en Cartagena. En esta ciudad, por la visita del Papa (en mayúscula para diferenciarlo del tubérculo), pudimos conocer una obra ejemplo de caridad. Una señora humilde, de bajos recursos, con su propio esfuerzo les da el alimento diario a niños tan necesitados de ayuda como ella misma. Se priva de lo poco que tiene para entregarlo a los demás.

Tengo que darle las gracias a Juanpa (como le gusta que le digamos), por no haber venido a la Misa en Medellín porque nos hubiera dañado ceremonia tan grande y tan emocionante.

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