Aldo Civico
Columnista

Aldo Civico

Publicado el 15 de diciembre de 2018

Ho’Oponopono

Nelson Mandela decía que no perdonar es como tomarse un veneno y esperar a que el enemigo muera. Quizás la historia de Colombia podría ser interpretada también como la frustración del perdón; una frustración que ha permitido el contagio del odio y de la venganza. Pero si hoy en Colombia la paz en una posibilidad concreta quizás valga la pena reflexionar sobre el poder que tiene el perdón para limpiar nuestros corazones.

Pensé en esto recientemente mientras reflexionaba sobre un antiguo sistema de curación Hawaiano, llamado Ho’oponopono. La expresión significa “rectificar un error”. Según esta sabiduría ancestral, los errores surgen de pensamientos que están contaminados por recuerdos dolorosos del pasado. Ho’oponopono ofrece la posibilidad de eliminar estos pensamientos dolorosos y tóxicos que finalmente causan enfermedades y desequilibrio. En este sentido, la violencia es el síntoma de un desequilibrio, o sea de una toxicidad que atrapa la mente.

Por eso, les quiero compartir la historia de un psicólogo, el doctor Hew Len, quien en un hospital de Hawái ayudó a curar a criminales que tenían enfermedades mentales -sin ni siquiera ver a ninguno de ellos personalmente. En este hospital el miedo de ser atacados por los enfermos mentales era constante. El personal médico renunciaba frecuentemente y por eso le pidieron ayuda al doctor Hew Len, quien aceptó, pero sin la necesidad de hacer una consulta con estos enfermos. Aceptó revisar los informes de cada paciente y mientras los estudiaba, intervenía sobre sí mismo. En la medida que intervenía sobre si mismo, los enfermos mejoraban. “Después de algunos meses, a los enfermos que estaban esposados, se les permitió caminar libremente”, cuenta el psicólogo. ¿Qué hacía de especial este sicólogo?

De acuerdo con Hew Len, tener la responsabilidad plena por tu vida implica que absolutamente todo en tu vida—simplemente por ser parte de ella—es tu responsabilidad. Carl Jung decía que la realidad externa que uno observa es la sombra de la vida de uno mismo, incluyendo a la violencia, al conflicto, la guerra. Por lo tanto, no solamente soy responsable de lo que yo digo o hago, sino también de lo que todos dicen y hacen —incluyendo a los violentos.

Es una noción paradójica, difícil de aceptar racionalmente, porqué culpar a los demás o sentirse extraños a un fenómeno es mas fácil que asumir la responsabilidad plena de una condición, ya que esta exige que para cambiar a los demás, cambie yo (dado que soy plenamente responsable). Al mismo tiempo, si la responsabilidad total es mía, también es mía la oportunidad total de sanar. Por eso, cuando Hew Len leía el informe de un paciente sentía un dolor dentro sí mismo, y se preguntaba cuál era la parte de él responsable por el desequilibrio manifestado por el otro. Sanaba aquella parte de sí mismo, repitiendo estas palabras: “Lo siento. Te amo. Perdóname. Gracias”. Es la práctica del Ho’oponopono. Son palabras sencillas, que dichas con sinceridad desde lo mas profundo del corazón, tienen el poder de sanar. En la medida que nos sanamos, limpiándonos de las toxinas del odio, también sanamos al mundo, construyendo así la verdadera paz.

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