Manuela Zárate
Columnista

Manuela Zárate

Publicado el 13 de agosto de 2018

INFLUENCERS

Mamá, de mayor quiero ser influencer. Hoy en día casi todos conocemos o a alguien que es influencer o que quiere serlo. El influencer es un fenómeno de las redes sociales, o al menos eso es lo que pensamos, quizás porque las redes, como han hecho con todo, lo han expendido y cuando antes la publicidad escogía y hasta diseñaba sus propios influencers ahora tiene que salir a buscarlos no sólo entre celebridades sino también entre consumidores. Sin embargo, los primeros influencers no fueron las Kardashian, el fenómeno viene desde 1920 cuando apareció Aunt Jemima, la del jarabe de maple y las mezclas para hacer hot cakes. La tía no ha estado sola en todo esto, la acompañan otros personajes entrañables y reconocidos por casi todos como el vaquero de Marlboro y el Santa Claus de Coca-Cola. Si uno lo piensa comienzan a surgir de la memoria notables influencers, cuya imagen estaba ligada a un producto.

El “influencing” mejor traducido a: milenials descubren el mercado a través de las emociones, ha estado desde hace casi cien años entre las estrategias principales de las empresas para buscar nuevos consumidores. Las redes sociales no lo inventaron sino que lo democratizaron y desde entonces ha surgido gente que desde su cuenta de Instagram es capaz de crear un imperio. Sí, así como lo oye, literalmente son capaces de crear un imperio. La fórmula parece espontánea, pero aunque el personaje lo sea y lo use como gancho para desarrollar una conexión con sus seguidores, todo tiene que estar bien pensando. No es tan fácil como subir una foto de tu café, tu copa de vino o un selfie con tu mejor sonrisa, desde tu mejor ángulo, ni siquiera después de haber escogido lo mejor de tu closet para sentirte que estás en la tercera página de Vogue Colombia. Hace falta escoger un tema, una plataforma adecuada, un tono, casi hacer de ti mismo un personaje y plantearse un plan de trabajo que incluye hasta la hora del día en la que subes tu contenido. Como todo en esta vida requiere estudio y conocimiento, pero también requiere algo de talento, de eso innato que hace que “le caigas bien a la gente”. Por accidente se puede llegar a tener muchos seguidores, pero para hacer un influencer hace falta algo más. Después de todo estamos hablando de mover a la gente a la acción, tener impacto en sus decisiones y hacer que todo eso genere dinero.

A mucha gente le parece que el tema del influencer es una tontería, pero cuando uno se da cuenta que Facebook le llega a dos billones de personas y You Tube a 1.5 billones, las cosas ya no lucen tan tontas. El fenómeno del influencer realmente tiene un impacto en lo que es el mundo ahora y lo que será a futuro. Definitivamente hay algo interesante en ver a alguien que con espontaneidad y carisma nos aporta valor, pero como todo en esta vida, el fenómeno tiene un lado que no es tan positivo. Las redes sociales le dan poder y a veces hasta credibilidad a gente que hace la pantomima y se vende como lo que no es. Así surgen de la nada gurús sobre temas tan importantes como psicología o nutrición pero que no tienen los conocimientos necesarios en esas áreas. De allí salen influencers que propagan mitos como si fueran certezas, incluso los que cuestionan la ciencia, causando gran daño a la humanidad. Desde el movimiento antivacuna hasta la nueva moda de demonizar el gluten son fenómenos que se encuentran en redes sociales y que luego se desbordan al mundo real. Las redes sociales, un avance tan importante y de tanto impacto puede contribuir a un retroceso en cuanto a principios que el hombre había desarrollado desde la ilustración. Eso sin dejar de lado que el contenido de muchos influencers es fatuo y materialista en exceso.

Ahora las empresas no quieren solo muchos seguidores, sino que los influencers aporten más ventas, lo que hará que los mismos influencers sean cada vez menos espontáneos. La clave está en que no importa tanto quiénes son los influencers, sino quiénes somos “los influenciados”. De darnos cuenta de que quien te influencia afecta de manera directa quien eres.

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