Anacristina Aristizábal Uribe
Columnista

Anacristina Aristizábal Uribe

Publicado el 30 de octubre de 2018

La “guerra” de arepas

Conmemorando los 343 años de vida oficial que cumple Medellín este próximo viernes 2 de noviembre, les cuento una anécdota en la historia de la ciudad, que aparece en el libro “Mineros, comerciantes y labradores”, de la profesora Ann Twinam, y que yo bauticé “la guerra de arepas”.

En la Medellín colonial había tres poderosas clases económicas: mineros, comerciantes y agricultores. Los mineros tenían minas de oro (la gran explotación de oro en Antioquia fue en los siglos XVI y XVII, pero aún quedaban rezagos que los hacía poderosos); los comerciantes, que se enriquecían comerciando no solo con ese oro sino importando mercancías que no se conseguían en la Villa de La Candelaria (muchas veces eran los mismos mineros) y los labradores, que no eran tan poderosos económicamente hablando, pero tenían las tierras más productivas para la agricultura de toda la provincia: las del centro del Valle del Aburrá, que se conocía con el nombre de Aná. Los mineros y comerciantes eran, generalmente, los mismos miembros del Cabildo.

En 1807 hubo una crisis en la cosecha de maíz, el alimento básico. Para enfrentarla, el Cabildo ordenó que no podía venderse a más de 4 tomines la arroba, pero un productor llegó a venderla a 6 tomines, alegando que el Cabildo no tenía autoridad sobre los precios, pues una Real Cédula había prohibido a ese organismo regular el precio de los alimentos.

Pero a los intermediarios, como siempre egoístas, no les importó la escasez de maíz y compraron las pocas existencias para exportarlas. Entonces el Cabildo, para evitar el desabastecimiento del grano, prohibió la exportación de alimentos y apostó guardias en los caminos.

Los intermediarios reaccionaron y, para burlar esa medida y sacarle provecho al maíz comprado y a la escasez, se inventaron el negocio de hacer arepas... Y fue Troya porque las hicieron de menor tamaño al acostumbrado (3 onzas en lugar de 7) y a mayor precio. ¿Saben cómo reaccionó el Cabildo para enfrentar esa crisis? Compró maíz con precio controlado y contrató a una señora y dos esclavas para que hicieran arepas del tamaño corriente y las vendieran a un precio razonable. Eso sucedió entre mayo y julio de ese año y así fue como se enfrentó el abuso de los intermediarios que estaban especulando con la arepita de tela. Medellín tendría unos 17.000 habitantes.

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