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LA MEDIOCRIDAD DE LOS MEDIOS

Por

ana cristina aristizábal u.

anacauribe@gmail.com

Por las coyunturas que vivimos en este tiempo, se ha entendido la necesidad de tener unos medios de información serios, decentes y reflexivos. La mayoría de la gente se mueve con la información: lo que le dicen y la forma como se lo dicen.

Por eso la responsabilidad de los medios es inmensa: hoy sus contenidos influyen en el modo de entender la vida y la forma como se reacciona ante ella.

Esos contenidos son recibidos por dos vías: emoción o razón. Cuando las noticias son serias, argumentadas, desapasionadas y sin viso de espectáculo, pueden ser analizadas y entendidas desde la razón. Pero cuando están cargadas de espectáculo, cortinillas con música, lágrimas y alegatos en directo, cumplen con las características que afectan las emociones (no la razón), y así se logra que la gente no tenga información objetiva para entender lo que está pasando, sino sentimientos exacerbados para reaccionar ante lo que pasa.

Y de esta forma el público es fácilmente manipulable por los intereses de quienes necesitan mover a la gente de un lado a otro e incitar a que reaccione de determinada manera. Hoy, la gran mayoría de medios de información en el mundo (incluido nuestro país) están en manos de binomios económico-políticos que mueven los sentimientos (no el pensamiento ni la reflexión) del público, de acuerdo con sus necesidades, no con las necesidades de la sociedad.

Por eso cada vez son más frecuentes las quejas del público colombiano ante los medios locales. Existe un creciente descontento ante lo que informan y, sobre todo, por la forma como lo hacen. La radio informativa está compuesta por una chorrera de datos sin contexto cuyas entrevistas ‘explicativas’ son sesgadas o un ataque infame contra el entrevistado, y un extenso espacio publicitario que hace perder el interés por lo noticioso. Sobre la información de televisión ni vale la pena hablar, el show, el escándalo o lo insulso parece ser la única manera de presentar la información; y cuando no, son simplemente noticieros que se repiten como un leitmotiv durante el día.

Ante esta debacle informativa se salvan un poco los medios escritos. Solo que existe un problema: a la gente poco le gusta leer y de los que leen, pocos entienden lo que leen. Por eso, muchos prefieren información escrita de unos periódicos solo datos, sin contexto ni explicación; y otros de información que solo exacerba las emociones pero no la razón.

Así se logra un público manipulado y convencido de estar muy bien informado.

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