Anacristina Aristizábal Uribe
Columnista

Anacristina Aristizábal Uribe

Publicado el 04 de septiembre de 2018

La radio

Compré un radio. ¿Muy retro? Para nada. Fui víctima de mi operador de celular que me vendió uno, gama alta, con la opción de radio desactivada; así que para oír, el celular debe estar conectado a datos (o a Wifi, si hay). ¿Por qué tengo que pagar por oír radio? La radio es gratis y así no gasto la batería del celular, que si acaso, dura un día. Además, ya entendí que es más práctico y rápido mover el botón sintonizador.

Y el radio comprado (de bolsillo) es de última generación: trae FM y AM, tiene puerto USB para oír desde una memoria externa, también ranura para tarjeta micro SD desde donde puedo oír muchísimas horas de conferencias o música. Puede trabajar con pilas AA y también trae una batería recargable que dura una eternidad o puedo conectarlo directamente al toma corriente más cercano; tiene la opción de oír por audífonos o parlante.

Y es que todavía hay mucho para oír en la radio, aquí en Medellín: porque las emisoras culturales y universitarias salvan el contenido de las ondas hertzianas. ¿Qué haríamos los oyentes sin los contenidos de arte y cultura, ciencia e investigación, entrevista en profundidad o conocimiento humano en general?

La música en la radio ya no seduce, porque tenemos acceso a ella de mil formas. El plus está en la difusión del conocimiento que ofrecen las emisoras universitarias sin restricciones, con respeto, lenguajes incluyentes y contenidos universales.

La radio masiva (se salvarán dos emisoras), en lugar de servir para cultivar una ciudadanía crítica, honesta, responsable y aportante a la humanidad, tiene casi todo su contenido indigerible y frívolo (¡y creen que es entretenido!): adivinos, predicadores gritones, sonidos estridentes, locutores vulgares, curanderos, teguas, charlatanes y fútbol, fútbol, fútbol. Es que los pobres y miserables señores de esa radio, como “buenos” negociantes que solo ven el signo $$ del producto, no están cultivados (aunque tengan cartones profesionales) y por eso son incapaces de entender la responsabilidad social en sus manos. No entienden que pueden educar entreteniendo. O no les importa (o precisamente no lo hacen a conciencia).

Celebro los 70 años de Radio Bolivariana (en donde soy realizadora) que ha sido fiel a su objetivo de entretener difundiendo la cultura (conocimientos que permiten desarrollar el juicio crítico) y entiende su responsabilidad social. Por eso compré el radio: para oír la radio que vale la pena oír.

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