Hernán González Rodríguez
Columnista

Hernán González Rodríguez

Publicado el 19 de junio de 2018

Las elecciones en 2022

Celebro de veras la elección de Iván Duque como presidente de Colombia para el período 2018 – 2022. Pero comienzo a preocuparme por las elecciones en 2022, porque no son motivo de poca monta saber que demasiados millones de colombianos votaron el pasado 17 de junio para que fuera su presidente un exguerrillero, alto exdirigente del M19, cómplice, promotor y defensor del desastre venezolano.

Me pone a dudar esta caudalosa votación sobre la viabilidad futura de Colombia, puesto que nos revela un deterioro evidente de los principios y valores de grandes sectores de nuestra población, así como un resentimiento creciente. ¿Herencia en alguna medida del mal gobierno de Juan Manuel Santos?

Tal como afirma el expresidente Álvaro Uribe: “el éxito del gobierno de Duque será la primera vuelta presidencial para el 2022”. Si ejerce un buen gobierno, habrá posibilidades de salvación. Pero si no tiene éxito, resucitarán los votos que me preocupan, y muchos más.

Otra prueba reciente sobre el deterioro aludido. La Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes ordenó archivar, por falta de méritos, las dos investigaciones que contra el presidente Juan Manuel Santos cursaban allí por el presunto ingreso de dineros de Odebrecht a sus campañas presidenciales de 2010 y 2014.

No pocos colombianos se preguntan: ¿qué pasó con las pruebas del ingreso de estos dineros en la campaña de 2014, tanto las que fueron enviadas por la Fiscalía General de la Nación, como las que se encuentran en el Consejo Nacional Electoral? Y, en consecuencia, ¿por qué acaba un juez de encarcelar al exgerente de las dos campañas presidenciales de Santos, Roberto Prieto Uribe? Sin Justicia no habrá paz, ni tampoco país viable.

Otra prueba del deterioro. El destacado analista, Saúl Hernández Bolívar, afirmó en la página www.elmundo.com, el pasado 28 de febrero: “La nefasta Corte Suprema de Justicia es enemiga declarada de Álvaro Uribe desde mucho antes de las supuestas chuzadas, concretamente desde que el entonces presidente se mostro a favor de la Corte Constitucional como órgano de cierre de las sentencias de tutela, lo que en la Suprema fue visto con celos como el ‘pago’ por la aprobación de la reelección presidencial”.

Y remata Hernández más adelante: “Para el castrochavismo, que avanza a zancadas en Colombia, meter preso a Uribe es un objetivo primordial. No lo quieren matar porque lo convertirían en mártir; lo quieren destruir moralmente para que con él se derrumben los valores morales que representa y que han contenido al comunismo en este país y en la región”.

Quiera el Cielo que antes de 2022 reforme el presidente Duque nuestra tropicalizada Justicia y que tome medidas para desterrar de Colombia la inteligencia cubana, el G2, y la inteligencia venezolana, el Sebin, las cuales, se rumora, han estado y estarán siempre al servicio de las candidaturas castrochavistas.

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