Arturo Guerrero
Columnista

Arturo Guerrero

Publicado el 14 de marzo de 2018

Más fiel que un perro fiel

Tener una biblioteca en casa no es lo mismo que haber leído todos los libros de sus anaqueles. Lo más frecuente es que muchos de esos tomos permanezcan intactos, almacenen polvo, se amarillen de puro viejos.

No obstante, esa colección no leída es un capital estético en espera de conferir liquidez a su existencia. Para decirlo en términos de nuestra economía mineroextractiva, las novelas, poemas y ensayos relegados son yacimientos ofrecidos a la curiosidad y anhelo de picapedreros en apuros.

Lectores y no lectores sienten remordimiento por la tarea no cumplida. Como si los libros chillaran desde su abandono horizontal. Pero a los lectores les punza más hondo su delito. Estos conocen el peligro encerrado entre las hojas, son testigos de los estragos y encrespamientos que se originan en el alma luego de una lectura ferviente.

A todos ellos convendría decirles que no vale la pena dar tanto consentimiento a esos volúmenes sin leer. Que con tal de que existan enfilados entre las tablas del mueble inteligente, algún día tendrán su turno. Si no los lee el padre los leerán los hijos.

Cada libro tiene paciencia para hacer antesala al azar de la lectura y para conocer a la persona que se enamorará de él. Entre tanto sus personajes, sus ideas y sus cantos alcanzan un fermento proporcional a la catadura de su arte.

“Hay libros que tenemos a nuestro lado veinte años sin leerlos –cuenta Elías Canetti- ... Luego llega un momento en el que, de repente, como si estuviéramos bajo la presión de un imperativo superior, no podemos hacer otra cosa que coger un libro de estos y leerlo de un tirón, de cabo a rabo: este libro actúa como una revelación. En aquel momento sabemos por qué le hemos hecho tanto caso”.

De modo que siempre es bueno comprar obras provocadoras, escarbar en los agáchate y escoger, pescar en los regios travesaños de las librerías sofisticadas. También conviene regalar libros y soñar con que los amigos traigan un libro de regalo para la fiesta.

No hay que pensar en la falta de tiempo para recorrerlos. ¿Alguien está seguro de lo que será su vida dentro de veinte años? Pues en esas fechas aquellos tomos abrirán sus páginas y se operará el milagro. Un libro es más fiel que un perro fiel. Una biblioteca es una dulce compañía, es un cielo a la mano de los desterrados del paraíso.

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