Juan José García Posada
Columnista

Juan José García Posada

Publicado el 20 de marzo de 2017

MEJOR O PEOR CALIDAD DE VIDA

Pueden ser incompletos y engañosos los criterios con que se pretende medir la calidad de vida de los colombianos. Las estadísticas del Dane divulgadas hace varios días forman una fuente de conocimiento parcial de la realidad. Pero también indican una suerte de contrasentido: Lo cuantitativo no debe confundirse con lo cualitativo. Que mejoren los estándares de servicios públicos, tenencia de bienes, tecnología, salud, educación y atención a la infancia, o de cobertura del gas natural y posesión de televisores, no es suficiente para dictaminar que los colombianos somos mejores, más justos, más buenos, como seres humanos, es decir de mejor calidad integral.

Tener más no es lo mismo que vivir en un ecosistema axiológico, valorativo, ético, más próximo a una sociedad equilibrada y en armonía y más distante de una inequitativa, caótica, anárquica e incontrolable.

El discutible profesor Mockus, damnificado individual con la campaña santista de 2010 (además de los perjudicados colectivos), dijo ayer en una columna publicada en El Tiempo que en este país hace falta más sentido de la culpa y más vergüenza. Tiene parte de razón. El cinismo y la prepotencia inciden en la elusión de responsabilidades. Todo sucedió a las espaldas del titular, que resulta un modelo de ingenuidad. Apenas acaba de enterarse. Pregúntenles a los otros.

Y como le respondió el Presidente al periodista Amat, en el mismo periódico, prefiere el dictamen de la historia al de las encuestas. ¿Y sobre qué bases dictaminaría la historia, si no consulta las evidencias actuales de la pérdida de aceptación, de favorabilidad, de credibilidad? ¿Prefiere la historia oficial maleable y falseable a la Historia que se sincroniza con los datos y los hechos reales y la voluntad general? Hay una historia alcahueta y otra implacable.

Sí, es cierto que faltan más conciencia de la culpabilidad y más vergüenza. Pero lo esencial está en que falta sindéresis, criterio de veracidad, capacidad de distinguir entre el bien y el mal, lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, lo turbio y sucio y lo limpio y transparente. Prima el consejo del famoso asesor de marketing político: La ética es para filósofos.

Mientras cunda el mal ejemplo corrosivo que ha consagrado e instituido el todo vale, el relativismo valorativo, la mentira y la trampa en la política, en el gobierno, en los negocios del Estado y los particulares, cualquier leve mejoría en los datos numéricos de la llamada calidad de vida es un sofisma de distracción, mejor dicho una columna de humo para tapar los resultados y productos de las prácticas torticeras, de las acciones y omisiones causadas con picardía, malicia y mala fe. Eso nada tiene que ver con la calidad de vida. Por el contrario la desvirtúa.

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