Andrés Oppenheimer
Columnista

Andrés Oppenheimer

Publicado el 15 de agosto de 2018

Nueva Constitución cubana: un gran paso atrás

La noticia de que la Asamblea Nacional de Cuba aprobó una nueva Constitución que eliminará las referencias a una “sociedad comunista” y reconocerá el derecho a la propiedad privada ha generado titulares elogiosos en todo el mundo. Pero me tomé el trabajo de leer el documento de 755 párrafos, que acaba de ser publicado en su totalidad, y es espantoso.

Según los reportes iniciales de la prensa oficial cubana, la Asamblea Nacional aprobó el 22 de julio el borrador de la nueva Constitución, que reemplazará a la actual promulgada en 1976 durante la era soviética. La nueva Constitución ahora irá a un referéndum popular controlado por el gobierno, que con toda seguridad será aprobado.

El general Raúl Castro, que ejerce el poder detrás de bambalinas, participó en las sesiones de la legislatura para aprobar la nueva Constitución, vestido de uniforme militar. El documento también crearía el puesto de primer ministro, y abriría las puertas al reconocimiento de matrimonios del mismo sexo.

Todos estos anticipos generaron grandes expectativas sobre la nueva Constitución. Pero el texto completo del borrador constitucional se ha hecho público en días recientes, y muestra un cuadro muy diferente al que se intentó pintar en un principio.

De hecho, la nueva Constitución tiene como objetivo consolidar la dictadura más antigua de América Latina, y hacer más difícil cambiar el sistema por vías constitucionales.

El artículo 3 de la nueva Constitución dice que “el Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana... es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”.

Continúa diciendo que “los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución”.

Traducción: La nueva Constitución dice que la dictadura hereditaria de Cuba no puede ser desafiada, y nadie puede, por ejemplo, crear un partido opositor. Si alguien lo hiciere, “los ciudadanos” –el eufemismo que usa el régimen para su policía secreta vestida de civil– ahora pueden matar legalmente a cualquier opositor.

El artículo 5 dice que “el Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana... es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”.

Traducción: Si alguien tenía dudas sobre lo que significaba el Artículo 3, el régimen lo hace más explícito aquí. Además, agrega la palabra “único”, que no estaba en un párrafo similar de la Constitución de 1976.

El artículo 224 establece que “en ningún caso resultan reformables los pronunciamientos sobre la irrevocabilidad del socialismo y el sistema político y social establecidos en el artículo 3”.

Traducción: Si hay algo que no se puede cambiar constitucionalmente en el futuro, es el derecho de la dictadura de permanecer en el poder para siempre.

Rosa María Payá, activista del proyecto opositor Cuba Decide, me dijo que “esta Constitución es peor que la anterior, porque al agregar que el Partido Comunista será el “único” dirigente superior de la sociedad y el Estado, le cerró las puertas a cualquier posibilidad de multipartidismo”.

De hecho, incluso las referencias de la nueva Constitución a la propiedad privada deben tomarse con escepticismo. Si bien el texto reconoce el derecho a la propiedad privada, dice que este estará supeditado a las leyes. Y las regulaciones recientes para los trabajadores cuentapropistas son a menudo más estrictas que las anteriores.

No se equivoquen: ahora que el texto completo de la nueva Constitución es público, no hay ningún motivo para celebrar. Por el contrario, parece una medida desesperada de la dictadura hereditaria de la isla para aferrarse al pasado y retrasar aún más la modernización económica y política de Cuba.

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