Juan José García Posada
Columnista

Juan José García Posada

Publicado el 23 de julio de 2018

PREFIEREN EUNUCOS DEL PENSAMIENTO

Cien años después de la reforma universitaria de Córdoba y de la publicación del Manifiesto Liminar dirigido “a los hombres libres de Sudamérica”, conceptos esenciales como el de libertad de cátedra siguen sin decantarse y persisten sectores del profesorado y los demás estamentos que los ponen en cuestión.

Piensan que es aceptable negar la controversia civilizada, la expresión autónoma de los estudiantes, a los que se somete a la condición de espectadores pasivos y silenciosos, invalidados como interlocutores capaces de oponer argumentos a los discursos dogmáticos de profesores radicales acostumbrados a lavar cerebros juveniles y hacer proselitismo político. No quieren saber de diferencias ideológicas.

La libertad de cátedra debe ser de doble vía. No puede equivaler a la imposición de ideas, caprichos y prejuicios del profesor. Mucho menos puede admitirse que el ejercicio del alumno de su derecho inalienable a la discordancia sea causa de represalias académicas o disciplinarias, de exclusiones y ninguneos o de ultrajes personales porque se aparta del discurso autocrático del respectivo docente.

En los meses y años recientes parece que se ha acentuado una tendencia a la censura en establecimientos educativos de Europa y Estados Unidos, aplicada por discutibles maestros que exigen unanimidad, anulan las posibilidades de diálogo y tratan a los estudiantes como súbditos. No reconocen el colegaje entre quienes, así haya diferencias generacionales y experienciales, comparten un lenguaje común y un horizonte conceptual porque están coaligados por una misma cultura profesional, por un mismo saber que los distingue ante la sociedad.

Esas expresiones de censura académica, de las cuales pueden conocerse ejemplos, las protagonizan profesores de tendencias muy diversas. Lo insólito está en que participen, con prepotencia y encarnizamiento, docentes que se autoproclaman como garantes del progreso, del respeto a los derechos humanos, de la libertad de expresión y del pluralismo democrático. Soy alérgico a la división artificial entre izquierdas y derechas, pero hay que decirlo: Entre esos censores de moda sobresalen profes que se ufanan de ser izquierdistas y descalifican no sólo a los alumnos sino a los colegas que no se matriculan en sus corrientes de falsa avanzada.

El entorno universitario colombiano ha sido proclive a imitar las tendencias del exterior. Esta de la manipulación abusiva, de la instrumentación de los estudiantes como si tuvieran que ser dóciles y aceptar todos sus errores y sus faltas de ética y honradez intelectual, es una ola que está manifestándose en este país. Todos los días aparecen casos. Los profesores deberían dar ejemplo (aparte del antimodelo de profesor que descubrió su verdadera cara en el Senado) si de verdad están decididos a formar individuos autónomos, destinados a merecer la mayoría de edad, a pensar y actuar como ciudadanos libres y responsables, no como eunucos del pensamiento.

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