The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 10 de noviembre de 2017

RELÁJESE, NO TIENE QUE COMER “LIMPIO”

Por Aaron E. Carroll
redaccion@elcolombiano.com.co

Hablamos de comida en sentido negativo: lo que no deberíamos comer, lo que lamentaremos más tarde, lo que es malo, peligrosamente tentador, insalubre.

Los efectos son más insidiosos que cualquier cantidad excesivamente indulgente de “mala comida”. Al preocuparnos por la comida, convertimos a las ocasiones para la comodidad y la alegría en fuentes de miedo y ansiedad. Y cuando evitamos ciertos alimentos, generalmente lo compensamos consumiendo demasiado de otros.

Todo esto sucede bajo el disfraz de la ciencia. Pero una mirada más cercana detrás de nuestros miedos a la comida demuestra que muchas de nuestras comidas más demonizadas en realidad son buenas para nosotros. Claro está que llevadas a extremos las elecciones de dieta pueden ser dañinas, pero esa lógica va en ambos sentidos.

Considere la sal. Es cierto que si las personas con la presión sanguínea alta consumen mucha sal, puede resultar en eventos cardiovasculares como ataques cardíacos. También es cierto que la sal es sobreutilizada en las comidas procesadas. Pero el americano promedio consume sólo un poco más de tres gramos de sodio al día, lo que actualmente es el punto perfecto para la salud.

Comer muy poca sal puede ser tan peligroso como comer demasiado poco. Esto es especialmente cierto para la mayoría de las personas que no tienen presión sanguínea alta. En todo caso los expertos siguen presionando por recomendaciones más bajas.

Muchos de los médicos y nutricionistas que recomiendan evitar ciertas comidas no logran explicar bien la magnitud de sus riesgos. En algunos estudios, la carne roja procesada en grandes cantidades está asociada con un riesgo relativo aumentado de desarrollar cáncer. El riesgo absoluto, sin embargo, es frecuentemente bastante pequeño. Si yo comiera una porción adicional de tocineta cada día, mi riesgo de cáncer del colon a través de mi vida aumentaría menos que un uno por ciento. Incluso en ese caso, es debatible.

Sin embargo, nos hemos vuelto más y más susceptibles a argumentos que dicen que debemos evitar ciertas comidas completamente. Cuando se agota un pánico del día, encontramos otro enfoque para nuestros temores. Demonizamos a las grasas. Luego al colesterol. Luego a la carne.

Para algunas personas en años recientes, el gluten se ha convertido en el enemigo, aunque la harina equivale a un 20 por ciento de las calorías consumidas a nivel mundial, más que casi cualquier otra comida. Menos del 1 por ciento de las personas en los Estados Unidos tienen alergia a la harina, y menos del 1 por ciento tienen celiaquía, un desorden autoinmune que requiere que quienes sufren de él se abstengan de consumir gluten.

El alboroto sobre el gluten le hace eco al pánico sobre el glutamato monosódico que comenzó hace aproximadamente medio siglo y que aún no ha desaparecido del todo. MSG, o glutamato monosódico, no es más que un solo átomo de sodio agregado al ácido glutámico, un aminoácido que es una parte clave del mecanismo por el cual nuestras células crean energía. Sin él, toda la vida dependiente del oxígeno como la conocemos moriría.

No hay evidencia que indica que las personas sufren de manera desproporcionada de las aflicciones -que ahora van desde dolores de cabeza hasta asma- que las culturas adversas al MSG comúnmente asocian con este ingrediente. En estudios por todo el mundo, el caso contra el MSG simplemente no se sustenta.

Los OGM son, en teoría, una de nuestras mejores apuestas para alimentar a la creciente población del planeta. Cuando una encuesta de Pew en el 2015 les preguntó a los americanos si pensaban que en general era seguro o inseguro comer comidas modificadas, casi el 60 por ciento dijo que era inseguro. La misma encuesta les hizo a científicos de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia la misma pregunta. Sólo el 11 por ciento pensó que los OGM son inseguros.

A la mayoría de los americanos, al menos según esta encuesta, no parece importarles lo que piensan los científicos.

Si las personas quieren evitar las comidas, aunque no haya razón para hacerlo, ¿eso realmente es un problema?

La respuesta es: sí. Porque da miedo a la comida. Y tener miedo a la comida sin una razón real no es científico, parte de la peligrosa tendencia al antiintelectualismo que enfrentamos hoy en muchos lugares.

La comida debería ser causa de placer, no de pánico. Para la mayoría de las personas, es completamente posible comer más sanamente sin vivir en terror o luchar por evitar algunas comidas por completo. Si hay algo que debe eliminar de su dieta, es el miedo.

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 1

    Aplausos y pitos

    $titulo

    SANTIAGO PERDOMO M.
    Uno de los banqueros más reconocidos del país. Deja la presidencia de Colpatria, que asumió en 1994.

    $titulo

    RATKO MLADIC
    “El carnicero de Los Balcanes”. Un tribunal de la ONU lo condenó a cadena perpetua por genocidio.