Juan David Escobar Valencia
Columnista

Juan David Escobar Valencia

Publicado el 02 de octubre de 2017

Se caen las caretas transparentes

Hace casi 8 años, suplicando al cielo, escribí la columna titulada “Hasta cuándo tenemos que soportarnos a Samper”, en la que dije: “No duda nadie que hemos cometido muchos errores en este país, empezando por tenerlo de presidente, pero ¿será que el castigo tiene que ser tan largo? ¿No existe una rebaja de penas para los ciudadanos comunes y corrientes que no hayan cometido delitos?”...“El expresidente debería estar agradeciéndole al país con un silencio monacal la misericordia que se tuvo con él y con sus compinches, que hasta gobernadores terminaron siendo.”... “No hay derecho a que a un personaje como este todavía se le esté dando tribuna y micrófono. Su silencio sería lo mejor para él y para todos”.

Pero no. O Dios no alcanza a oír nuestras súplicas o de verdad hemos cometido tantos y tan graves pecados que seguimos en el purgatorio pagando por ellos, pues el expresidente Samper, que durante años pensé que iba a ser el más nefasto presidente de la historia republicana, pero fue superado abrumadoramente por el actual que ha sido su socio desde el principio, sigue entre nosotros propalando su pestilencia.

Parece que a algunos apellidados así se les permite todo y cuando se les dice lo que son, se indignan por que los menores de su familia se verán afectados por ello, así la dignidad de los menores de otras familias se pueda pisotear para vender revistas ilustradas.

El nefasto expresidente Samper no para de sorprendernos. Le abono esa capacidad. Ya sabíamos de 8.000 razones para desear no verlo más. Sabíamos de sus propiedades camaleónicas y de su habilidad para aliarse “con quien sea” con tal de tener un sueldo oficial, y aunque su careta cuasitransparente ya había dejado ver los rasgos principales que lo identifican, en los últimos tiempos ya ni siquiera intenta ponérsela y la ha dejado caer, afortunadamente, porque la duda que pudiese existir sobre lo que de verdad es, también ha caído.

Este infausto representante de la élite bogotana, como otros de élites locales que ya empiezan a quedar en evidencia por sus alianzas zurdas, hace parte de la mamertera de caviar que en los cocteles con whisky de mayoría de edad exigen y hablan de justicia social y de desigualdad, pero que nadie se atreva a tocar sus cuentas en Suiza o sus propiedades en Anapoima o París. El nefasto expresidente ya no oculta quienes son sus modelos a seguir. Es difícil ver los videos recientes de este personaje, alabando la dictadura cubana y elevando a la categoría de héroe intergaláctico al tirano Fidel Castro. Y qué decir de su participación en el congreso de las Farc, en el que con la tranquilidad que da estar entre “camaradas”, sacó por fin a la luz pública todo el comunismo que habita en él.

Como hace 8 años vuelvo a pedirle al cielo: “Hasta cuándo tenemos que soportarnos a Samper”.

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