José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 14 de julio de 2018

SOBRE GENTE DE VACACIONES

Estación Turismo, a la que llegan señoras con sombreritos de colores, sandalias chinas y bolsitas con pastillas y protectores para la piel; hombres de pantaloneta de palmeras, riñonera y cachucha de rapero; niños con la cara colorada, pato inflado y ganas de irse ya a la casa; jóvenes conectados a sus dispositivos electrónicos, tatuajes, clavos y peinados; muchachas que se cubren lo mínimo (a veces inflado a punta de botox y silicona) y viejos verdes que miran a través de gafas oscuras, dándose ánimos con mentiras y hablando de política. Y en medio de estas multitudes turísticas (que ya incluyen perros, hámsteres y gatos) cada vez más grandes debido a promociones y tarjetas de crédito, los hoteles de todas las estrellas, las cabañas cada vez más deterioradas, los restaurantes de precio y comida incierta, los estaderos llenos de humo y orinales que se lavan poco, las bombas de gasolina, las terminales de buses, los aeropuertos con ventas de sobrecupo etc.

Al turismo (palabra que viene de del griego tornos, venir, dar la vuelta y regresar) se lo llamó la industria sin chimeneas y lo adoptaron todos aquellos países que tenían algo que mostrar y vender a precios módicos o no, incluyendo emociones fuertes y ejercicio de malos vicios. Y el primero fue Cuba, con sus casinos, cabarets y vida al desgaire, al punto que se volvió el prostíbulo de Los Estados Unidos. Luego fue España (debido al fracaso del Plan Badajoz), la que propuso un turismo menos alucinante y más cultura., aunque al final los turistas prefirieron más las playas sobre el Mediterráneo que la iglesias, mezquitas y castillos. De todas maneras, el turismo se erigió como la industria que llama personas, las atiende y las despacha de nuevo a casa con cara de satisfacción. O al menos era así.

El turismo, debido a las bajas inversiones y al rápido retorno de la inversión, es un negocio atractivo, lucrativo y con muchos brazos (ecológico, de placer, histórico, científico etc.), lo que permite crear estructuras diversas para atender a quien llega. Y como industria, tiene unos principios y metodologías. Ahora si esto no se cumple, como pasa en nuestra Cartagena de Indias (que ya parece de piratas), y la industria antes que un servicio se convierte en una oportunidad para el engaño, los sobrecostos, la mala atención (a la que Anthony Bourdain llamaba la cara del contenido de la olla) y el creer que el otro es tonto, lo de crear turismo ya no es una industria sino un error que nos hunde más.

Acotación: Es mejor el viajero que el turista, pero son muchos más los turistas que los que viajan con una mochila. Y como son más y gastan (y hacen más basura), aprovechan todo y quieren vivir al máximo, son los que más evidencian los errores, las estafas y lo no cumplido. Y así, nuestra mala fama de boca en boca.

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