José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 11 de noviembre de 2017

SOBRE TANTO POR APRENDER Y REFLEXIONAR

Estación Saco, que no tiene que ver con ninguna bolsa o la pieza superior de un traje, sino con saqueo, como el que hicieron las tropas de Carlos V (el emperador germano-español) el 6 de mayo de 1527 en Roma, en el que hasta los caballos entraron a las iglesias y quienes los montaban se robaron lo que tuvieron a mano, escarbaron en el suelo y quitaron de las paredes, que el asunto fue: vamos a por lo que sea. Y este saco (del italiano sacco, saqueo), rememoró a los vándalos, a los hunos, a los mongoles en sus bestias enanas y a cuanta gente de ahí en adelante siguió saqueando, unos con patente de corso (permiso del rey) y otros amparados por Dios, el diablo y las compañías de ultramar. Y así, como en los libros de Eduardo Galeano, que tienen que ver con el fuego y el olvido, los recursos de los países marginales (llamados subdesarrollados porque en lugar de crecer se encogen), la madera, los metales, la flora y ahora el agua, han servido desde entonces para desarrollar otros. Y en estas estamos.

Que en la historia unos pueblos hayan parasitado a otros, no es cosa rara. Los nazis llamaron a este parasitar Lebensraum (espacio vital), y el resto ya se sabe. Hoy en día, usando un eufemismo, se le llama inversión extranjera o protectorado, asuntos que nacen de la ignorancia que los locales tienen de su territorio y del uso que hay que darle a las ventajas comparativas (los recursos se poseen) para que el país se desarrolle, las gentes aprendan y haya un comercio de bienes terminados, lo que también incluye experticias, conocimiento apropiado y pensamiento intelectual. No se trata de saber nombres de lugares sino de entender qué debemos aprender de esos sitios y lo que contienen. Rodolfo Llinás, con sarcasmo, dice: sabemos dónde están el Magdalena y el Cauca, pero no sabemos que es el agua...

En Colombia se habla de ciencia y de cómo publicarla en revistas indexadas para que nos visualicen en medios de alto impacto. Y con esto tenemos, con hacer ciencia de papel y no de uso debido del territorio: si sacamos oro, ¿qué se hace con el oro? ¿Cómo se va más allá del mero metal en términos de tecnología? Si sembramos café, ¿qué se hace con el grano además de recogerlo y llevarlo a los barcos? Si tenemos agua, madera y flora, ¿qué hacer con esto? Si investigamos, ¿qué pasa con el diagnóstico? Es claro que nos falta mucho por saber, lo que incluye discutir los controles a la educación para que no sepamos más de lo permitido. Ya se sabe, la ignorancia programada evita ser competitivos, lo que nos coloca en los espacios del servilismo. La casa de Contratación de Sevilla, hizo lo suyo: darle títulos a la ignorancia.

Acotación: La ciencia, además de un observar, investigar y saber, es un hacer. Si existe una ecuación, fue porque se hizo algo con ella. Pero, en nuestros países, donde se aprende de memoria y no racionalizando el hecho y sus posibilidades, en los que creemos en las bases de datos con información de tercera y cuarta mano, parece que no salimos de la venta de empanadas y la entrega de recursos. Pero se baila bien y esto ya es algo, macumba.

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