Ramiro Velásquez Gómez
Columnista

Ramiro Velásquez Gómez

Publicado el 06 de octubre de 2017

Tenemos miedo

Esta semana se desarrolló, en el marco del programa Naturalista Urbano del Instituto Humboldt un recorrido por un sector de La Iguaná para observar qué especies se encontraban como plantas y animales. Tuvo el apoyo de otras entidades como el Parque Explora, el Jardín Botánico, y varias universidades, aparte de personas de la comunidad. Se detectaron cerca de 90.

Decenas, centenares de especies ante nuestros ojos, que no miramos. Se lanzó la idea de conformar grupos para la observación de las otras formas de vida que habitan la ciudad. Y hasta hacerlo de modo individual.

No solo la vida actual agitada impide que disfrutemos de todas esas maravillas, sino que vivimos presos del miedo.

No conocemos los vecinos y desconfiamos de muchos de ellos. Corremos a encerrarnos en nuestros hogares y si salimos es con destino específico y ojalá en vehículo automotor.

La noche nos espanta, así sea en el parque cercano (si es que lo hay en esta escasez). Asomarnos a la puerta es un riesgo.

Y no solo no conocemos el vecindario, tampoco la ciudad.

Ir al Centro es una ocurrencia de unos pocos aventados o de quienes trabajan allí. Menos pasar a otro barrio. Muchos nos parecen personas ‘de inferior calidad’ o... sospechosos. Los acusamos mentalmente de ‘intento de sospecha’. Estamos encerrados en una burbuja.

Los centros comerciales se llenan el fin de semana: son espacios que ofrecen cierta seguridad. Nos encerramos en sus cuatro paredes.

De las motos o de quienes caminan detrás así sea a plena luz del día, corremos, aceleramos el paso.

La delincuencia, que está activa y cuya acción se advierte en periodicidad en las redes sociales y los medios, tiene que ver pero ¿no estamos dejándonos acorralar perdiendo la riqueza que ofrece la urbe? Asumimos sin más una reducción del espacio. Nuestras relaciones se resumen a lo más básico, no hay otras personas ni otros lugares.

No estamos, en resumidas cuentas, viviendo la ciudad ni todo lo que nos ofrece. No disfrutamos de las otras formas de vida, de la ciudad silvestre ni de esos mundos que se encuentran un poco más allá de nuestra rutina que nos mantiene enclaustrados en un rincón de cemento.

Tenemos miedo a reencontrarnos con todo lo demás que está a nuestro alrededor.

Maullido: la semana que viene es el Festival de las Aves de Medellín. Un motivo para apreciarlas.

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