Humberto Montero
Columnista

Humberto Montero

Publicado el 15 de mayo de 2018

Un voto, un tesoro

Cuando Cristóbulo Caballero se quedó sin la dosis habitual para tratarse la afección que le acompañaba desde chiquillo, lo primero que hizo fue mentar a la madre que parió a Maduro. Y ya de paso a la de Chávez, por nombrar un sucesor aún más nefasto que él. Pero mientras preguntaba a los doctores y enfermeras que correteaban desesperados por las galerías dónde podía conseguir en el mercado negro, a precio de oro, su bendita medicina, y maldecía contra el régimen y la corrupción que todo lo empantanaba, cayó en la cuenta de que buena parte de sus calamidades recientes se las había ganado a pulso. Porque Cristóbulo Caballero, crecido en una humilde comuna de los cerros de Caracas, había caído rendido a los pies del comandante desde la primera promesa absurda que salió de sus labios, esa en la que empeñaba su alma para acabar con la pobreza del país. A medida que se le aplacaba la furia y contenía los espumarajos de su boca, se le fueron encendiendo las neuronas.

Cristóbulo no tenía estudios. De hecho, apenas sabía escribir su nombre, aunque se adornaba con arabescos y floripondios cuando rubricaba con su galante firma cualquier documento que previamente le había leído alguien. Sin embargo, se preciaba de tener la cabeza para algo más que servir de rancho a los escasos pelos que lucía. Por eso, bufó al recordar que cuando le pidieron, por primera vez, otros seis años para poder completar la revolución ni siquiera lo pensó dos veces. Aunque por entonces el país se había partido en dos y faltaba un paralelo y una frontera coronada de alambres para poner nombre al norte chavista y al sur imperialista. Entonces, dio por bueno el desvío de fondos para todos los círculos y semicírculos bolivarianos que, como matrioskas rusas, estaban practicando uno tras otro una sangría a los recursos petroleros. Al fin, cuando concluyera la revolución, la inseguridad ya no sería un problema y el dinero y las oportunidades acabarían para siempre con el maldito cerro en el que Cristóbulo y su prole se hacinaban junto a otras 50.000 familias.

La cuestión era que la revolución no acababa nunca. Era un proceso interminable al que siempre le quedaba una teja por colocar para poder disfrutarlo enteramente. Por eso, siguió dando su voto al comandante sin cuestionar quiénes eran esos jóvenes repeinados que poco a poco copaban bancos y empresas públicas. Esos a los que la oposición llamaba «boliburgueses» y que llenaban avionetas enteras de chicas y vodka rumbo a Los Roques o Aruba. Y por eso también, apoyó a Maduro. Porque así lo quiso una revolución a la que sus enemigos ponían cada vez más palos en la rueda. Lo hizo sin preocuparse nunca de saber a quién votaba exactamente. Sus trayectorias, estudios y méritos. Sus amigos y enemigos. Si eran pragmáticos o unos simples charlatanes. Cristóbulo descubrió que toda su vida había votado por un puñado de vendedores de crecepelo que llenaban las cabezas de los ignorantes como él con falsas promesas de un progreso futuro que, tal vez, vieran sus hijos. Maldijo otra vez haber entregado su vida, su futuro y el de su estirpe a un puñado de torpes y ladrones. Y se prometió, mientras caminaba bajo el ardiente sol de mediodía en busca del veterinario que le suministraría algo parecido a su medicina, que a la próxima votaría a conciencia. Si llegaba.

En ocasiones nos dejamos vencer por la autocomplacencia y echamos la culpa de nuestros males a los demás, a sabiendas de que somos dueños de nuestro destino más de lo que creemos. Ponemos nuestras vidas en manos de malabaristas tuertos sólo porque son «de los nuestros», sin saber muy bien si es que acaso nacieron en nuestro barrio o siguen a nuestro equipo de fútbol. Y nos dejamos llevar por la cháchara que nos venden embotellada en colorines atractivos. Votar es uno de los mayores actos de responsabilidad que existen. De nuestro voto depende todo. Piénsenlo cuando acudan a las urnas. Para no acabar como Cristóbulo.

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 1

    Aplausos y pitos

    $titulo

    UNIVERSIDAD CES
    Autorizada por Mineducación para ofrecer Ingeniería Biomédica, como nueva opción para los futuros profesionales.

    $titulo

    CONSUMO INDUCIDO DE DROGA
    Alarmante el video de tres jovencitas en Cali que inducen a una niña de cuatro años a fumar marihuana.